
Un negro literario es una persona -no necesariamente negra- que escribe para otros, como una forma de ganarse la vida y usualmente sin recibir crédito alguno. Suelen ser los verdaderos autores detrás de los best seller de personas famosas, que publican, por ejemplo, voluminosas y controvertidas biografías, con una calidad medianamente aceptable. La existencia del negro literario explica cómo alguien, que a lo largo de mil páginas jamás menciona haber leído un libro, sea capaz de publicar uno.
También hay negros literarios detrás de muchas de esas novelas en cuyas portadas el nombre del autor eclipsa el de la propia obra. Vamos, que va más grande. Su huella narrativa, se deja ver asimismo en el papel de los discursos de los políticos, para quienes inventan frases gloriosas o malabares eufemísticos como ese de conflicto armado en lugar de simplemente guerra.
Incluso se pueden encontrar (en sentido figurado) negros literarios trabajando a las órdenes de verdaderos escritores consagrados, a quienes la carpintería de escribir ya les produce agobio. Recuerdo de hace unos años, una serie de acontecimientos que juntos venían a ser algo así como la rebelión de los negros. Sobre todo aquellos que trabajaban para escritores famosos que comenzaron a publicar sus propias historias (como negros literarios) y a putearle la vida a más de uno.
Sobre muchos escritores, de éxito principalmente, suele rondar la sombra de la esclavitud literaria. Hay quienes sostienen, por ejemplo, que Shakespeare no era más que un negrero, aunque todo sea dicho, sin aportar pruebas contundentes. Sin embargo, otros se han esmerado en sus investigaciones hasta dar por probado que ciertos personajes se limitaban a firmar lo que otros escribían. Este es el caso del famoso dramaturgo español Gregorio Martínez Sierra cuyos mayores éxitos fueron escritos para él por María de la O Lajárraga. El caso es extremo, porque resulta ser que María de la O, era su mujer.
Este fenómeno no es exclusivo del papel. Detrás de algunas bitácoras de Internet mantenidas por personajes famosos, se encuentra también una figura en la sombra, que trata de darle ese aire desenfadado, intimista e informal, que dicen por allí, es propio de los blogs.
De todo este asunto, siempre me surge un conjunto de preguntas del tipo que se muerden la cola; y que te vas repitiendo para matar el tiempo mientras esperas el tren o el autobús, o en la fila de la caja del supermercado: ¿Son los negros literarios escritores? Que será mejor, ¿ser un negro literario, que cobra independientemente del éxito de la obra, o un escritor que firma con su nombre absolutos fracasos?
Me resulta especialmente interesante lo que pasa en el proceso de creación, porque, en el caso de no considerar sus creaciones como propias, o no poder hacerlo por limitaciones de contrato, eso de esmerarse, corregir, llevarse la idea al baño, enamorarse de los personajes y llorar con la muerte de alguno, en fin, todas esas cosas que los escritores cuentan que les pasa, convierte (me digo) a estos escribidores en la sombra, en poco más o menos la versión literaria, de los cada vez más populares vientres de alquiler.
Porsia. A veces hay cosas como ésta, que se escriben solas y que sólo me limito a firmar.
Nota del cartero: Los anglosajones hacen uso del término ghostwriter para designar lo que en españa e hispanoamérica llaman negro literario. Pero ná. que es lo mismo.
