Conozco gente que no está a gusto con su nombre de pila, incluso algunos que se lo cambian y hacen que la gente les llame de otra forma, con el segundo nombre, o el diminutivo. Una de las primeras cosas que no podemos escoger en la vida, es nuestro propio nombre. Es responsabilidad de nuestros padres y alguna que otra vez, de las habilidades mecanográficas del funcionario que nos inscribe en el registro civil.
Hasta qué punto el nombre ejerce influencia en la personalidad (o al revés). Hay gente que tiene la cara de su nombre y no concibo que pudiese llamarse de otra manera, pero hay otros que, definitivamente, han sido víctimas de la falta de pensamiento anticipatorio de sus padres. También me gustaría saber si el nombre funciona como un patrón, si nuestros progenitores albergan la esperanza que nuestro comportamiento responda, al significado de nuestro nombre: Próspero, Angélica, Blanca, Pura, Justo, Dolores…
Lo que si es cierto, es que tienen una influencia de marketing: ¿Imaginan a Marilyn Monroe llamándose Norma Jean? pues yo no. O a Hitler usando su verdadero apellido, Schicklgruber; ¡hasta nos hubiésemos ahorrado una guerra!, y a propósito: ya en Irak hay unos cuantos niños que se llaman Bush.
Todo esto viene a cuento, porque hoy en día tenemos a nuestra disposición un lujo que estaba reservado al Papa, a los artistas, poetas y prostitutas: Elegir nombre, y arropar con él una personalidad. Notad, que nosotros tampoco podíamos elegir nuestro apodo o mote, también lo elegían por nosotros, y casi siempre para recordarnos defectos.
Pero hoy tenemos Internet y aquí podemos elegir nombre, (de momento) y aunque parezca una estupidez, el elegido dice mucho de nuestra personalidad real. Es en lo primero que me fijo en los foros y en los blogs, en estos seudónimos, porque son producto de un ejercicio de libertad.
Suelen repetirse muy poco, casi todos son muy originales, cortos y perseverantes. Aunque hay casos extremos, personas que lo cambian con el estado de ánimo y otros que tienen varios, que usan para decir según qué cosas. Yo por ejemplo tengo dos, pero hay uno que ya está muy mayor y no quiere salir de casa.
Finalmente, no creo que nuestros nombres en Internet sean un esfuerzo por el anonimato, dado que hoy en día la tecnología permite descubrir que eres un perro, sino más bien una oportunidad de ser más como quisiéramos ser.