Ofrendas Bancarias

Hace un mes, publiqué esta nota en la cual les comentaba sobre las curiosas estrategias de los Bancos Españoles para ganarse al cliente inmigrante. Como una breve actualización, les comento que recientemente los grandes bancos están además, contratando personal de origen inmigrante para atender mejor a estos nuevos clientes.

Los casos puntuales que ya existían estaban para satisfacer al turista de larga permanencia, y a los jubilosos jubilados nórdicos en la Costa del Sol. En otros casos, se trataba de una necesidad, dado que los inmigrantes procedentes, por ejemplo, de Europa del este no hablan español. Pero lo nuevo ahora, es que se trata de una estrategia de diferenciación para hacer que los clientes se sientan «como en casa». Se habla ya de 1.5 millones de clientes extranjeros atendidos por la banca Española.

Sólo espero que la reproducción del «ambiente hogareño» no se lo tomen al pie de la letra, porque hay que advertir que, por ejemplo, los cajeros (los de carne y hueso), de los bancos en Latinoamérica son una especie de Dios, y no me gustaría tener que descubrime a mi edad, llevando las ofrendas matutinas para ganarme su misericordia: El cuartico e’ jugo, el cachito, y el alarde de equilibrio que significa llevar el «con leche» volcánico en la cajita vacia del chocolate Savoy.

Felicitaciones al Reino

Esta nota es para felicitar a los Españoles, que hoy 6 de diciembre conmemoran los 25 años de la aprobación, en referedo popular, de su Constitución.

Realmenente es muy interesante observar lo que se dieron como pueblo durante el periodo de transición. Recurriendo al trillado ejemplo, si alguien hubiese entrado en coma en noviembre de 1975, cuando murió Franco, y despertado hoy, le resultaría increíble la transformación que ha tenido el pueblo Español.

Lo que hoy les pudiera resultar normal a la generación que ha nacido y crecido en los últimos 25 años, eran cosas excepcionales antes de 1975. Incluso algunas limitaciones resultaban dolorosamente ridículas, principalmente en los derechos sociales: no existía el divorcio, las mujeres no podían ni abrir una cuenta bancaria sin permiso escrito del marido, los anticonceptivos eran ilegales, no había derecho a huelga, ni de asociación política, ni libertad de expresión y sólo tenían dos canales de televisiones, que además eran del estado.

Por lo que he podido conversar con gente que la vivió, ni ellos mismos estaban seguros de cómo terminaría aquéllo, sólo contaban con una no autoreconocida fe, y la voluntad de no estropearlo todo.

Para ilustrarles un poco, el equivalente Latinoamericano de lo que he visto aquí, a nivel de reconciliación nacional, sería que dentro de 25 años algún recalcitrante político o temindo opositor de estos días , se encuentre firmando su biografía tranquilamente en una feria literaria de su país, sin escolta, sin miedo. Eso fué lo que pensé cuando vi a Santiago Carrillo haciendo eso en la Feria del Libro de Madrid la primavara pasada.

Confío en que las adolecentes democracias Latinoamericas puedan superar con éxito, la traición de sus hormonas, sientiéndose algún día tan orgullosas de lo que son y tienen, que puedan recordar humildemente lo que fueron.

Imagine all the people.

De en medio del bullicio y el apretujamiento, se sobrepuso una voz fuerte y clara que preguntó dos veces si alguien sabía en cuál estación estaban. Era una pregunta a priori necia, porque cualquiera puede enterarse viendo hacia el anden. Es por eso que nadie dijo nada, y pasaron unos segundos hasta que una chica respondió, al percatarse de que quien preguntaba y su acompañante, eran invidentes. Iban bastón en mano y ataviados con los colores del Real Madrid, se dirigían, como el 110% de los viajeros de ese convoy del metro, al Estadio Santiago Bernabeu para “ver” el clásico de la jornada, que su equipo disputaba contra el Atlético de Madrid.

Un señor mayor, no soportó la curiosidad y volteó para preguntarles cómo le hacían para “ver” el juego, a lo que los chicos respondieron: lo vemos por la radio y por los gritos de la gente, mientras dibujaban círculos en el aire con su antebrazo, para referirse a las ochenta mil almas que junto a ellos colmarían el estadio esa noche.

Me encuentro desprovisto de recursos para ayudarles a hacerse una idea, de lo que el fútbol representa para los españoles. Mi postura explicativa sería: los hombros levemente encogidos, los dedos de mi mano derecha juntos, al estilo italiano, la boca apretada y la frente dibujando una expresión de frustración, así que simplemente háganse a la idea de que les resulta vital. Pero la escena que les he contado me interesa, no por el fútbol, sino por otra cosa: Me permitió percatarme, por contraste, que para la mayoría de nosotros, los “videntes”, la vista posee el monopolio de la imaginación.

Tuve un jefe -del cual adopté un curioso gusto por las cafeteras- que decía que la vejez comenzaba cuando dejábamos de fantasear, y creo que este verbo es el más adecuado para describir, lo que perdemos cuando centramos nuestra capacidad de imaginar solamente en el sentido de la vista. En las imágenes.

El DRAE define fantasear como un grado superior de la imaginación y eso me sirve. Cuando niños, poníamos todos los sentidos a trabajar para fantasear. Jugando a policías y ladrones hasta “sentíamos responsabilidad”. Habían fantasías auditivas, gustativas y táctiles. Lo que es una lástima, es que se adormezcan estas capacidades, porque creo que servirían no solamente como terapia, sino como una excelente herramienta trabajo. ¿Se acuerdan de los ex hippie?, creo que ellos aún la conservan.

Se atrofian tanto los otros sentidos para participar en la imaginación, que hasta la medicina alternativa hace fortuna para despertarlos: aromaterapia, musicoterapia, masaje metamórfico, uf.

De momento comenzaré, con dosis homeopáticas, por el sentido del oído. Eso si, con mucho cuidado, porque la imaginación es “la loca de la casa”, y no vaya a ser que empiece decir lo que no quiero escuchar.