El hombre más rico del mundo

No. Tranquilos. No voy a hablar de algún libro del famoso Og Mandino, sino de una curiosidad de onda retro económica.

Resulta que el prójimo de la foto de al lado, Ingvar Kamprad, es ahora el hombre más rico del mundo, por encima del omnipresente Bill Gates. Ya se enterarán con suficiente detalle en la prensa, así que no voy a aburrirles con lo obvio. Lo que realmente me resulta curioso de la noticia, es que en pleno siglo XXI, este hombre no se ha hecho rico como vendedor de intangibles (software por ejemplo); esos que no toman en cuenta las economías de escala y se burlan de Taylor y las cadenas de montaje. Tampoco vendiendo coches, ni armamento, ni aviones. Este sueco frugal de setenta y siete años, ha amontonado su fortuna ¡fabricando y vendiendo muebles de madera! Es el dueño y fundador de IKEA (Ingvar Kamprad Elmtaryd Agunnaryd), una cadena de más de ciento ochenta tiendas en más de treintas países.

Eso sí, no es la típica tienda en la cual existe un dependiente de corbata que te atiende con una sonrisa. De hecho no hay dependientes. Es en realidad una gran superficie de exhibición, en la cual ves todos los productos, perfectamente expuestos y una pequeña nota al lado, en la cual te indica en cuál pasillo se encuentra, porque luego tienes que pasar por el depósito, montarlo en tu carrito, llevarlo hasta la caja y pagarlo. Trasladarlo hasta tú vehículo y una vez que lo tengas en casa, armarlo tu mismo. No importa si es una silla, una mesa, una cama, o un complejo armario. Vamos, que el señor se hace el sueco en todo el proceso. (perdón por el machacón lugar común, es que estoy un poco holgazán). Para un detalle adicional sobre la forma de nombrar sus productos, que no traducen y mantienen en inteligible sueco, pueden pasar por donde mi amigo cyberf.

En todo caso y afortunadamente, cierto equilibrio sigue manteniéndose. Ese según el cual el hombre más rico del mundo no es el más poderoso.

Finalmente, se me ocurre pensar, que de seguir así las cosas, no tardará en aparecer una Ingeniería en Carpintería y un próspero sector de servios de outsourcing en armamento. [de muebles, claro esta. 😉 ]

Canción Demanda

El problema con las revoluciones, es su obstinada costumbre de morir en cuanto alcanzan el poder. Junto con ellas, se llevan un portafolios de principios e inventos valiosos, que le permitieron unir esfuerzos y ganar adeptos – y algunos adictos -, en su camino hacia el ansiado cambio. Las revoluciones suelen ser alcabalas de estafa, que sucumben demasiado rápido al exceso de expectativas y a la frustración colectiva. Me he enterado de pocas que realmente hayan logrado ser algo más, que la consolidación de algún mezquino proyecto personal. De todos esos inventos de «vocación revolucionaria», a mi el que más me gusta, por honesto – aunque también ha muerto -, es la canción social o protesta.

En la segunda mitad del siglo pasado, surgieron diseminados por toda Iberoamérica, cantautores para todos los gustos, que clamaban valiente y honestamente, por una infinidad de reivindicaciones sociales: La libertad sindical, la reforma agraria, peticiones a Dios para que los protegiera de la indiferencia, o sencillamente canciones-relato, que narraban la (aún) depauperada realidad de los pueblos oprimidos, como solía llamarse entonces a… los pueblos oprimidos.

Eran hombres y mujeres con corazón y guitarra, que afinaban sus letras para llegar al pueblo esquivando el «intelecto» del tirano de turno. Los más osados cantaban con el estilo simple y contagioso del decreto: Si se calla el cantor, calla la vida. Otros hacían señas por las ventanas, a modo de coplas-axioma que retumbaban en el tarareo de sus protagonistas: Las entrañas de la tierra / va el minero a revolver. / Saca tesoros ajenos y muere de hambre después. Luego, surgieron poetas de tierno vozarrón, que mostraban temerariamente el pecho, con letras que no pierden actualidad: ahora que el petróleo es nuestro / no hablo de carne mechada / porque así le queda al pueblo / en la manifestación.

Eventualmente, la canción social tocó los bordes de la sofisticación, y se mudó a una nueva forma de trovar, elaborando letras de amplio espectro que solían, en su ambivalencia, confundir al menos incauto: Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan / para que no las puedas convertir en cristal./ Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo. / Ojalá que la luna pueda salir sin ti. /Ojalá que la tierra no te bese los pasos. Poesía tan hermosa como ésta, bien podía dirigirse a un oscuro imperio de algún punto cardinal, o a aquella chica despiadada y presumida, protagonista de tu primer desengaño de juventud.

Los tiempos han cambiado y cosas como la reforma agraria y el hambre no han dejado de ser lo que eran: Sinónimos de promesa falsa. Así, bien que las revoluciones «triunfen» o «fracasen» pierden en consecuencia su capacidad de autocrítica. En el primer caso, por complicidad, y en el segundo por descrédito. La canción protesta, debería asemejarse más a un vigía experto, que levante la voz ante las injusticias. Hay muchas más vergüenzas patrias hoy en día, en toda Iberoamérica, a las cuales dedicarles una canción. De hecho, yo la llamaría canción demanda, para estar a tono con los tiempos. A ver quién se moja.

Apariencias que matan

En Londres mueren cada año de frío – proporcionalmente hablando -, más personas que las que fallecen en ciudades como Helsinki o Moscú. Londres disfruta de un clima previsiblemente inestable, pero en lo absoluto extremo, como esos de grandes nevadas y temperaturas constantes bajo cero.

Según el documental de la BBC del cual he tomado el dato, allí la gente suele descuidar su abrigo y piensa que una pequeña exposición al frió con poca protección, mientras esperan el tren o el autobús, no causará problemas. Y si que los causa, aunque casi todas las muertes producidas por el frío, suelen registrarse bajo la categoría de causas naturales.

Aparte de la curiosidad meteorológica, lo que resulta interesante observar es lo determinante que pueden ser ciertas apariencias. Las apariencias existen para facilitarnos la vida, ya que ante ellas no suele hacer falta el análisis, simplemente tiramos del conjunto de patrones que hemos probado en el pasado. Por un lado está muy bien, porque de lo contrario nuestra vida sería un poco … no sé … lenta y desconfiada. Pero por otro, un error de estimación ante una apariencia determinante suele resultar, en el mejor de los casos, catastrófico.

La actuación basada en las apariencias, está casi por completo guiada por la confianza. Una persona, situación o cosa, puede aparentar ser, por ejemplo, segura aunque de hecho represente una amenaza (y viceversa). El problema surge cuando la apariencia es inducida y alterada. Cuando se modifica la apariencia a conveniencia para hacerlas más o menos aparente de lo que realmente es. Es así como pasa, mayoritariamente, hoy en día.

Todo ello está provocando que el ser objetivo, se convierta en una aventura inútil y que lo que se lleve ahora es el mojarse, con el único basamento de la apariencia; inducida y manipulada preferiblemente. De seguir así las cosas, creo que lo mejor será, comprarse un lote de libros de autoayuda para desarrollar el análisis del aura y las vibraciones y otro de San Cono, para interpretar los sueños. Total, aplicaríamos técnicas conocidas, como elegir el momento preciso para invadir un país, por la posición de los astros, y justificar dicha invasión con la explicación de haber soñado con una cebra ponzoñosa.