Impuesto Esotérico

En los países del Caribe, debería crearse un impuesto a los servicios esotéricos. Es decir, a aquéllas actividades que en el argot son conocidas como consultas, despojos y trabajos.

Existe una larga lista de profesionales que entran dentro de esta categoría. Enumero algunos a efectos orientativos: Tarotistas, que leen el tarot; Astrólogos, que leen los astros; cafesólogos, que leen el asiento del café; tabacólogos, que leen el tabaco y arepólogos, que leen el futuro en los quemaditos de las arepas. También se incluyen aquí los polivalentes, que ejercen en distintas áreas, como los brujos, iluminados y mediums. En fin, todos aquellos que pueden ser englobados dentro del apartado de servicios de prospección y pensamiento anticipatorio.

Esto es una propuesta seria. Espero que no sea interpretada como una regresión al oscurantismo, sino como la regulación del más antiguo sector de la economía informal del Caribe y áreas circunvecinas.

Lo recolectado con este impuesto, debería ser entregado directamente a organizaciones benéficas y oenegés. Sin temor. Pues claro está, que nadie se va a atrever a malversar fondos, ya que pueden ser fácilmente descubiertos gracias a las facultades de los contribuyentes.

Una vez puesto en orden el sector, incluso se podría convertir en un pujante producto de exportación hacía el primer mundo, además de una magnífica oportunidad para lograr influencia en el concierto de las naciones, donde históricamente nuestra burda política exterior ha fracasado. Incluso, la consolidación de estos servicios con denominación de origen, podría arrastrar consigo la exportación de otros productos, con el simple hecho de incluirlos dentro de los ingredientes de sus rituales: Brebajes de mango, pósimas de parchita, polvos de cazabe, etc.

Los políticos prometen constantemente, inventando futuros fantásticos y la gente les cree. Pues considero incluso coherente, el reconocer la función social y la contribución a la economía de los profesionales de la anticipación, que honestamente se limitan, no a inventar, sino a decir lo que ven.

El norte es una quimera

Según Naciones Unidas, el negocio del tráfico ilegal de seres humanos mueve anualmente diez mil millones de dólares, sólo por detrás del narcotráfico y el tráfico de armas. Está liderado por organizaciones delictivas que cobran un hipotálamo, a cambio de transportar, temerariamente, hasta las costas europeas, por ejemplo, a miles y miles de desesperados de Asia, Europa Oriental y África. Sólo en las costas españolas han muerto durante el último año, doscientos treinta y cuatro inmigrantes, y en Italia, el estrecho de Sicilia se ha cobrado la vida de doscientos cuarenta y nueve. (de los 17.688 y 10.767 respectivamente, que llegaron ilegalmente por mar en dos mil tres) Como decía Esteban Israel en un artículo para Radio Nederland: Se trata de personas sin nombre, traficadas en barcos sin bandera y sepultadas sin ceremonias en tumbas sin flores.

Los países-puerta de la Unión Europea, España e Italia, han ajustado frecuentemente sus leyes migratorias, para tratar de atajar el incontenible flujo por mar de desesperados, haciéndolas cada vez más estrictas, de forma de combatir, entre otras cosas, lo que eufemísticamente se llama el “efecto llamada”.

Este efecto surge, a partir de la tendencia histórica del inmigrante a maquillar su realidad cuando la cuenta a los suyos, de manera de evitar admitir sus desventuras. O tal vez, porque asume con excesiva tolerancia, los sufrimientos que en su propio país le resultarían inadmisibles, como vía para evitar traicionar sus propias expectativas.

Hay un merengue venezolano, escrito por Luis Fragachán y ambientado en los años veinte, en el cual un decepcionado aventurero reniega de su propio “El Dorado”, Nueva York, quejándose de la ley seca y la falta de berro. En uno de sus versos define eso del efecto llamada, cuando dice:

Todo el que va a Nueva York, se vuelve muy embustero,
que si allí lavaba platos, dice aquí que era un platero.
(comerciante de la plata)

En esos términos, el efecto llamada es muy difícil de combatir, porque la ingenuidad de muchas tragedias humanas, mueve a las víctimas a necesitar asirse a alguna esperanza, frecuentemente utópica y quemérica. Y eso lo saben muy bien los sepultureros del mar, ya que es el argumento de su negocio, el «Vente a Alemania, Pepe» de África.

No soy un experto en política migratoria, no opino con criterio calificado, pero creo que igualmente, se debería prestar atención al efecto subyacente, el que empuja a los desesperados. A mi parecer, detrás de cada víctima, además de un efecto llamada, hay un efecto huida. La huida de una realidad violenta, en la cual soportan olvidados, el peso de una dignidad en mínimos y un futuro que no vale la pena esperar.

Arte Postal

Existe una revista de culto sobre tecnología llamada Wired. En ella hay una sección que me gusta ver. Invitan a los lectores a enviar una correspondencia a la redacción de la revista, en una forma no convencional y cuyo único requisito es que sea aceptado por el servicio de correo de los Estados Unidos. Siempre publican una foto del envío más original… bueno, realmente premian el envoltorio más original. Hay cosas que he visto allí que podría calificar como arte y otras como simples excentricidades. (aunque nunca me siento cómodo en esa frontera)

Pues al parecer mi apreciación de que algunos envoltorios eran arte, no estaba muy desenfocada, porque hay un movimiento a nivel mundial que ya utiliza el medio postal para propósitos artísticos. En términos generales se denomina Mail Art (arte postal) y no me pidan que lo defina, porque es un término con tantos significados como entusiastas.

Hay dos áreas que si quedan bien demarcadas: Por un lado, resulta una forma alternativa de distribución del arte, que escapa a los convencionalismos de las galerías. Muchos citan que ese fue realmente el propósito inicial, cuando en los años sesenta (cuando si no) muchos artístas se manifestaron en rebeldía por los principios excluyentes de las grandes galerías y crearon circuitos de distribución, en los cuales los envoltorios eran la obra. Con lo cual, el arte postal no es realmente una red de nodos, sino de circuitos, en los cuales puedes tener una conjunto de artistas que se envían correo entre ellos, incluso hay circuitos de un solo artista que se hace autoenvíos.(eso me gustó :D)

Por otro lado está la intención artística en si misma, para lo cual suelen utilizarse distintos medios, entre los cuales tenemos: Objetos, como los de Wired; Tarjetas Postales, los más difundidos; Sellos postales, una de las formas más antigua de arte por correo; Modificación postal, en la cual toman sellos oficiales y los adulteran con propósitos artísticos o de compromiso social; Poesía postal; Graffiti Postal, con la intencionalidad del que se hace en las paredes pero en papel y uno que me pareció muy particular: El Copyart, una forma de expresión artística que usa como pincel, la fotocopiadora, no para reproducir, si no para producir.

Una de mis lectoras calificó las cartas jeroglíficas dentro del Mail Art, y aunque no he encontrado nada al respecto, (tal vez por el aislamiento del fenómeno) a mi se me antoja pensarlo así, dado que he visto algunas que realmente son merecedoras de esa asociación.

Algunos Links:
http://www.vorticeargentina.com.ar/galeria/index.html
http://www.merzmail.net/mart.htm

Nota del Cartero: Esta nota está dedicada indistintamente a Susana Veneno, Victoria y Miss Mechanoid, quienes amablemente me dieron a conocer el Mail Art, en un comentario en la primera nota del blog. 😉