Historias de Mujeres

A mí me gustan mucho las mujeres. De hecho estoy convencido que Dios es una Mujer, aunque suene a título de libro de autoayuda. Me parece que una cantidad tan multisápida de atributos, como los que se adjudican a Dios, sólo pueden ser posibles entera y coherentemente en una mujer.

Pero la parte más atractiva de estos atributos, es ese oculto, más bien enterrado, mundo de la creación femenina. La mujer crea por defecto, su manera de vivir es casi siempre una obra de arte anónima a la que casi nadie asiste conmovido sino con el hastío de la cotidianidad; dejando, lamentablemente, que pasen inadvertidas gestas heroicas, sacrificios ejemplares, comedias delirantes y en el común de los casos, grandes obras maestras de esas que tratan sobre el sentido de la vida.

Rosa Montero ha escrito un libro que reúne algunas de estas historias a modo de menú de degustación. Mujeres normales con vidas normales de mujer (excepcionales para entendernos) casi siempre recorridas a la sombra de una sociedad-para-hombres.

Historias de Mujeres, cuando tenga usted tiempo, échele una leída.

Nota del Cartero

Inicialmente en mi libretita decía, «A mí me gusta mucho la mujer». Así , la primera oración de esta nota no es un lapsus promiscuo, sino un recurso estilístico.

Radio de Compañía

El los últimos tres meses he estado, según palabras de mi Amiga Palas Atenea, matando mi vaca. En un lenguaje más terrenal y alejado de las moralejas, estaba cambiando de empleo. Esos procesos son bastante curiosos, porque requieren adaptarse a nuevos ambientes, personas, compañeros, usos y costumbres.

Como a mi no me gusta la soledad cuando estoy acompañado (sic), pues apelo a La Radio para gestionarme esos días en los que me encuentro entre un montón de gente que no conozco y que no tiene especial interés por conocerme.

La Radio permite, aunque los hombres necesitamos cierto entrenamiento, hacer dos cosas a la vez; una de ellas, sentirme acompañado. La otra, hacer un montón de cosas por la que otros pagan y por medio de las cuales puedo llevar los churupos a casa.

En España La Radio es muy conversadora y eso le otorga ese aire acompañante. Además, es un reflejo de una parte de la sociedad – por desgracia no una mayoría – que se trata entre semejantes con respeto, pide permiso y se da las gracias. Otra cosa es que se escuchen, pero bueno, lo anterior es suficiente.

La programación radiofónica española me recuerda a una revista de variedades, en la que van desfilando un montón de artistas cada uno con su atracción. Los más divertidos son los tertulianos, que son los que hacen tertulias; palabra en desuso en Latinoamérica, que puede ser equivalente a charla, plática o conversación. Son casi siempre la misma gente, humanos polivalentes que pueden opinar sobre la totalidad.

Quiero decir, su trabajo es opinar sobre cualquier cosa que se le ocurra a los productores del programa. Son unos magos en adoptar el timbre de voz necesario para transmitir dominio sobre un tema del cual no habían oído hablar unas horas antes. No son malas personas, lo que digo es que esa forma de ganarse la vida tiene mucho mérito, porque debe ser la mar de estresante cuando se tienen las ganas de hacerlo bien.

Parece sencillo y eso hace que mucho aficionado intente meterse en el mundillo de las tertulias con resultados catastróficos. Ellos reflejarían la otra parte de la sociedad que no es ni respetuosa ni da las gracias. Pero cuando das con un conjunto armónico de conversadores, terminas pasando horas encantado con conversaciones tan variadas como la totalidad.

La paradoja del asunto es que escuchar las conversaciones ajenas ha dejado de ser una muestra de mala educación, para convertirse en un entretenimiento.

Feliz Año 2007 a Todos.

Nota del Cartero

churupo.
1. m. Ven. Antigua moneda de cobre con un valor de cinco céntimos de bolívar.
2. m. pl. coloq. Ven. dinero (ǁ moneda corriente).

Radio de compañía

El los últimos tres meses he estado, según palabras de mi Amiga Palas Atenea, matando mi vaca. En un lenguaje más terrenal y alejado de las moralejas, estaba cambiando de empleo. Esos procesos son bastante curiosos, porque requieren adaptarse a nuevos ambientes, personas, compañeros, usos y costumbres.

Como a mi no me gusta la soledad cuando estoy acompañado (sic), pues apelo a La Radio para gestionarme esos días en los que me encuentro entre un montón de gente que no conozco y que no tiene especial interés por conocerme.

La Radio permite, aunque los hombres necesitamos cierto entrenamiento, hacer dos cosas a la vez; una de ellas, sentirme acompañado. La otra, hacer un montón de cosas por la que otros pagan y por medio de las cuales puedo llevar los churupos a casa.

En España La Radio es muy conversadora y eso le otorga ese aire acompañante. Además, es un reflejo de una parte de la sociedad – por desgracia no una mayoría – que se trata entre semejantes con respeto, pide permiso y se da las gracias. Otra cosa es que se escuchen, pero bueno, lo anterior es suficiente.

La programación radiofónica española me recuerda a una revista de variedades, en la que van desfilando un montón de artistas cada uno con su atracción. Los más divertidos son los tertulianos, que son los que hacen tertulias; palabra en desuso en Latinoamérica, que puede ser equivalente a charla, plática o conversación. Son casi siempre la misma gente, humanos polivalentes que pueden opinar sobre la totalidad.

Quiero decir, su trabajo es opinar sobre cualquier cosa que se le ocurra a los productores del programa. Son unos magos en adoptar el timbre de voz necesario para transmitir dominio sobre un tema del cual no habían oído hablar unas horas antes. No son malas personas, lo que digo es que esa forma de ganarse la vida tiene mucho mérito, porque debe ser la mar de estresante cuando se tienen las ganas de hacerlo bien.

Parece sencillo y eso hace que mucho aficionado intente meterse en el mundillo de las tertulias con resultados catastróficos. Ellos reflejarían la otra parte de la sociedad que no es ni respetuosa ni da las gracias. Pero cuando das con un conjunto armónico de conversadores, terminas pasando horas encantado con conversaciones tan variadas como la totalidad.

La paradoja del asunto es que escuchar las conversaciones ajenas ha dejado de ser una muestra de mala educación, para convertirse en un entretenimiento.

Feliz Año 2007 a Todos.

Nota del Cartero

churupo.
1. m. Ven. Antigua moneda de cobre con un valor de cinco céntimos de bolívar.
2. m. pl. coloq. Ven. dinero (ǁ moneda corriente).

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