Misterios de la Naturaleza.

Resulta sorprendente cómo un indefenso, hermoso, tierno y encantador cachorro humano puede terminar convirtiéndose en un político. De las metamorfosis de la naturaleza, esta es una de las más inquietantes.

Que se convierta en un dictador, un inquisidor inmoral o un esbirro hipocondríaco tiene sentido, pero ¡en un político!

Los políticos son un «invento» de las sociedades para mitigar, en lo posible, los peligros del monopolio del poder. Es una solución del tipo menos-mala: poner a competir a un muchos por obtener y ejercer distintas formas de poder, logrando así mantenerlos ocupados para que hagan el menor daño posible.

Me sorprende, porque un niño puede ser cruel, pero incapaz de negociar. Puede ser tirano, pero no se desvive por ocultarlo. Puede sentir miedo, pero no se hace el valiente. Miente, pero se rié cuando lo sorprenden y no se empeña en mantener la mentira. Puede creerse el centro del universo, pero en su primer día de colegio llora desconsoladamente y cuando ve a otros como él es capas de forjar amistades y hasta compartir sus juguetes.

Misterios de la Naturaleza.

Lo mejor que puede pasarte

Si tienes una verruga en la nariz, lo mejor que puede pasarte es tener los ojos claros. Es por eso que los gordos de nacimiento tienden a ser simpáticos y la gente menuda camina con gracia, sonríe con tino y bosteza con discreción.

El alma es en realidad una máquina de compensación y quienes carecen de ella (los desalmados) son un problema para la humanidad. En ellos no hay equilibrio: tienen verrugas y ojos marrones, son menudos con mala leche y gordos sin provisión de gracia.

Se identifican fácilmente: Si se topa con ellos, no los siga, ni por curiosidad.

Espurriéndose

Hay días en los que despierto con la mente despejada, sin sueño y un deseo intenso de haber nacido diplomático japonés. Se que son vainas mías, pero los diplomáticos japoneses se me antojan ritualeros: veo a un asistente que le despierta corriendo lentamente las cortinas de su habitación mientras le pregunta que tal ha dormido el señor. Acto seguido, le acerca un resumen de la prensa del día y deja sobre una mesita de cedro caramelo, una taza de café, zumo de manzana golden y unas magdalenas aderezadas con arona de te verde.

Pero la realidad tiene días como éste, en los que la gente vuelve de vacaciones y todas las tertulias de la radio hablan de síndrome postvacacional: Del volver a coger la rutina del trabajo, los atascos matutinos y los rituales del despertar. ¡Ah! rituales del despertar que casi nadie tiene, porque despertarse hoy en día es lo más parecido a una carrera contra reloj.

El ritual matutino no tiene nada que ver con la hora a la cual se efectúa el despertar, sino el proceso que acompaña la activación de los sensores que alimentan el cerebro. Dependiendo de la configuración genética, algunos humanos realizan la activación de estos sensores a mayor o menor velocidad. Otros, sin embargo, pasan el día entero sin activarse del todo.

Lamento que los rituales del despertar no figuren dentro de las reivindicaciones de los sindicatos y que no se haya convertido en una conquista equiparable a las vacaciones pagadas. Es triste, por ejemplo, que haya gente que descubra el remoloneo matutino sólo cuando se jubila – con el consecuente arrepentimiento de no haberlo practicado antes – y otros que en su vida hayan experimentado, otro ejemplo, la autocontemplación detallada ante el espejo sin los apuros de un reloj que define la hora límite a la que tiene que salir de casa para no llegar tarde al trabajo.

Vale, los diplomáticos japoneses no tienen ese problema, porque no necesitan trabajar para vivir, pero creo que un buen despertar es algo que podría estar al alcance de todos. Recuerdo que de pequeño, instintivamente, realizaba un estiramiento (espurrimiento, en español castizo) antes de saltar de la cama, sana custumbre que he perdido de adulto y he transferido al momento en que salgo del coche al llegar al trabajo.

Aquí en el segundo mundo, donde muchas de las necesidades básicas están satisfechas, a la gente le da por arropar iniciativas excéntricas para ejercer su derecho de manifestar, así que vamos a ver si organizamos una plataforma pro-ritual-del-despertar para mejorar la calidad de vida.

Buenos días.

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espurrir.

(Del lat. exporrigĕre).

1. tr. Ast., Burg., Cantb., León, Pal. y Zam. Estirar, extender, especialmente las piernas y los brazos. U. t. c. prnl.
2. prnl. Ast., Burg., Cantb., León, Pal. y Zam. desperezarse.
3. prnl. Ast. Dicho de una persona, de un animal o de una planta: Crecer de modo perceptible.