Papel Permanente

Del lomo le salían unas cuantas canas resecas, y las tapas mostraban un desgaste resistido con estoicismo. Las tripas padecían las ondulaciones propias de un cuaderno de escolar, pasado y repasado mil veces, aunque aquí con rastros de café y nicotina. Me sorprendió verlo con vida, nunca imaginé que recurrirían a los originales escritos a mano para obtener copias mecanografiadas de las partidas de nacimiento. ¡Que papel tan bueno!, pensé. Llevaba montones de años sometido a las inclemencias de la dejadez administrativa, y aún lucía enterote. Que tinta tan pertinaz, aún se leen perfectamente los nombres de mis padres y del finado prefecto que dio fe de mi nacimiento.

A pesar de la colaboración típica y necesaria que tuve que donar para obtener mi copia el mismo día, me vi obligado a esperar cerca de tres horas en el sopor de los treinta y cinco grados a la sombra de un pueblo en pleno caribe, lo que me dio para concluir que el papel es el mejor medio de almacenamiento, al menos para las cosas que importan. Vi ancianos solicitar copias de partidas de nacimiento de sus bisabuelos, y esos libros de actas rozaban lo inmortal. Sobre todo si consideramos que el CD que compré hace unos días, para respaldar mis documentos, decía: «…con una capa especial que le provee una durabilidad extra, garantizándole el perfecto estado de sus datos por hasta ocho años.»

Curioseado, me he puesto a averiguar y me he enterado que en efecto, existe incluso una norma ISO, la 9706, que define las características del denominado Papel Permanente y que es utilizado en los países del primer mundo para almacenar documentos e incluso exigido en las administraciones públicas.

La idea detrás del papel permanente es la durabilidad, que se define en la estabilidad química de los componentes utilizados para su fabricación, de manera que no se deteriore o degrade tan rápidamente con el tiempo. Algunas combinaciones para este tipo de papel han logrado durabilidad estimada de quinientos años, en condiciones mínimas de conservación. Así, cuando veo en algún museo, manuscritos originales encerrados en cristal, que tienen más de ochocientos años, plasmados en papel sin normas ISO ni ná, (como mi partida de nacimiento) pues es sensato confiar en estas estimaciones.

Aunque las especificaciones de los Discos Compactos fijan la durabilidad entre dos y ochos años, indican también un máximo de doscientos diez y siete años en condiciones especiales de humedad y temperatura, que obviamente, no son las más frecuentes en el hogar promedio.

Si me permiten un arranque retro, le sugiero a los que aspiren a perpetuar su paso por la tierra más allá de sus genes, que escriban de vez en cuando una carta de amor, odio, agradecimiento o perdón en papel, porque además es tangible, y así la cosa se siente. El email, probablemente terminará respaldado en un medio óptico apilado entre chistes malos y montañas de spam.

Aunque viéndolo bien, lo que nos haría falta es un papel meteorológico, porque el problema real, es que las palabras, escritas o no, se las lleva el viento.

Semos Europeos.

Puso cara de gallina_mirando_sal cuando le aseguré que tal cosa no existía. ¿Y cómo es posible que lo digas tu? Me dijo. Pues por eso lo puedo decir con propiedad: La idiosincrasia Latinoamericana no existe. Llevábamos un rato conversando al respecto; el tema iba sobre si era correcta o no la generalización que se hace sobre los Latinoamericanos, más allá de una descripción meramente geográfica. Sobre el poco riguroso tratamiento con el que los medios de comunicación, por ejemplo, se refieren a los inmigrantes de Suramérica y el Caribe para noticiar nimiedades como que el asesino es un varón latinoamericano de treinta y tres años, o que la prostituta detenida tenía aspecto latino.

Los argumentos fueron y volvieron. Le causó especial asombro el que afirmara que entre nosotros, somos unos perfectos desconocidos y que probablemente a un bachiller de cualquier país de la región, le sería imposible atinar al esbozar un mapa político-territorial del continente; o decirte cómo es la forma de ser de los bolivianos, los peruanos o los uruguayos, o por fabricar qué, son conocidos los argentinos. En definitiva, que aparte del idioma y la pobreza, pocas cosas más nos homologaban. Y en esos casos, lo que nos hacía parecidos no era una idiosincrasia común, sino la idiosincrasia normal del pobre.

Pero el momento cumbre fue cuando le dije: Vamos, es lo mismo que pasa en Europa. Allí se estancó todo y no le pude convencer del símil. Pero antier me encontré con este aviso, que se lo tengo guardado para una nueva oportunidad, y que les adelanto a ustedes. Apareció publicado en un diario de la Capital del Reino, y si bien es cierto que Europa posee una disciplina con solera (a la par que pragmática) en lo que respecta a la homologación de casi todo, no sabía yo que existiese un aspecto europeo homologado, y menos el de las chicas.

Obviando lo jocoso del aviso – eso de absternerse acentos no tiene desperdicio – habrán notado además que posee el aire de los casting convocados por algunos pocos estudiantes de cine, escasos de presupuesto y ávidos de chicas guapas y vivaces, obviando eso decía, creo que refleja perfectamente el mapa mental con el que un nacional de cualquier país Europeo se ve a sí mismo.

Y ese es poco más o menos el tratamiento que debería primar en los medios, con respecto a los nacionales de la antigua América Española: Por ejemplo, ningún nacional de un país Europeo antepone su idiosincrasia a una hipotética forma de ser o de comportase Europea. Es cierto que hay factores que los acercan y redefinen, sobre todos los impulsados por la integración económica, pero poco más. Quiero decir, si que es posible una aproximación hacia verse a sí mismos como una unidad, con temperamento y hasta rasgos distintivos, pero es una construcción que tomará tiempo y generaciones, así como una buena dosis de mestizaje.

Por el momento, en Latinoamérica, reacia histórica a la unidad, las cosas seguirán como siempre: Los Españoles serán gallegos, cualquier árabe, turco y todo aquel que no hable castellano, gringo.

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Nota del Cartero: Hablando de gringo, cuando tengan chance, echenlé un vistazo a las acepciones en el drae de esta palabra. Es la generalización perfecta por contraparte usada en los países de Suramérica y el Caribe.

Necrología sin humos.

A principios del mes pasado murió Don Gordon Cooper Jr, pionero de la exploración espacial. Curiosamente el cuatro de octubre, el mismo día en que el equipo del SpaceShipOne se adjudicaba el Ansari X Prize. La gente ya ha olvidado a muchos de aquellos corajudos del programa espacial y, de hecho, sólo los testigos de primera mano y los forofos de la última frontera, podrían acertar algunos nombres e hitos. Y pues, creo que es una lástima.

Estudiando poco o nada el programa espacial se lleva a cabo un doble desperdicio: Por un lado, de conocimiento, ya no científico, sino logístico y organizativo. Desde mi punto de vista, a lo largo de todo el programa espacial se puede observar la confluencia de casi todas las disciplinas con las que el ser humano ha construido la modernidad. Allí se experimentó por primera vez y a gran escala con todo junto: Desde técnicas de dirección de empresas, pasando por la tecnología pura y dura, hasta la logística de limpieza de los baños. En segundo lugar, se desperdicia el know-how, de uno de los más grandes experimentos de clima organizacional(1) jamás realizado: El hombre llegó a la Luna, en mi opinión, más por el altísimo grado de compromiso y motivación de todos los involucrados en la empresa, que por el conocimiento tecnológico.

Pero la anécdota que me vino a la cabeza, cuando me enteré de la muerte de Cooper fue la siguiente: El primero astronauta no fumador fue Gordon Cooper Jr. La atmósfera interna de las primeras cápsulas espaciales estaba compuesta principalmente por oxigeno, -por cuestiones de peso- y para su primer vuelo en el programa Mercury, el dieciséis de mayo de mil novecientos sesenta y tres, a bordo del Faith 7, los científicos colocaron una cantidad de oxigeno basada, como era lógico, en el consumo de las misiones anteriores (todas de fumadores). Al final de la misión, mientras realizaban los análisis, los datos arrojaron un dato bastante revelador: Cooper había consumido sólo un tercio del oxigeno que le habían planificado. ¡Que vaina!, tan bueno que quedaría en una campaña antitabaco.

Cooper dejó de volar pronto. Decisiones políticas surgieron siempre para justificar su no-inclusión dentro de las tripulaciones, pero de seguro hay otras razones que probablemente aclaran mejor el asunto, principalmente su especial opinión sobre el fenómeno Ovni.

«For many years I have lived with a secret, in a secrecy imposed on all specialists and astronauts. I can now reveal that every day, in the USA, our radar instruments capture objects of form and composition unknown to us.»… «I believe that these extraterrestrial vehicles and their crews are visiting this planet from other planets, which obviously are a little more technically advanced than we are here on Earth,»

Que en paz descanse.

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(1) No sé cuál es el nombre de moda, pero el que recuerdo es este.