{"id":222,"date":"2005-03-25T10:56:55","date_gmt":"2005-03-25T10:56:55","guid":{"rendered":""},"modified":"2016-06-07T16:52:58","modified_gmt":"2016-06-07T14:52:58","slug":"de-la-cita-de-maritza-y-andres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cartasjeroglificas.org\/blog\/2005\/03\/25\/de-la-cita-de-maritza-y-andres\/","title":{"rendered":"de la cita de Maritza y Andr\u00e9s"},"content":{"rendered":"<div class=\"picizquierda\"><img src=\"http:\/\/www.cartasjeroglificas.org\/b2evo\/archives\/cena.gif\" border=\"0\" \/><\/div>\n<p>Maritza hab\u00eda olvidado c\u00f3mo lucir la elegancia con comodidad. A los cuarenta a\u00f1os y divorciada hace cuatro, no surgen muchas oportunidades para apearse de los jeans y las zapatillas, a fin de vestirse con la ilusi\u00f3n de una <em>chica con cita.<\/em><\/p>\n<p>Para empeorar las cosas llegar\u00e1 tarde, pero eso a Andr\u00e9s no le importa: Es siempre puntual en la citas s\u00f3lo para mitigar la ansiedad que le producen. Desde que su matrimonio tom\u00f3 rumbo a lo desconocido y naufrag\u00f3 muy lejos de la costa, sabe que esperar es de humanos. As\u00ed que se lo toma con calma mientras juega con la esquina de una servilleta carmes\u00ed y se alisa las cejas con el me\u00f1ique humedecido en agua mineral.<\/p>\n<p><em>Disculpa Andr\u00e9s, es que el pap\u00e1 de los muchachos no llegaba,<\/em> anunci\u00f3 Maritza con algunos cabellos ind\u00f3mitos sorbidos en la comisura de la boca y unas pesta\u00f1as oblicuas, que contra pron\u00f3stico, no la desmejoraban.<\/p>\n<p>Los que ya han pasado por \u00e9sto, <em>sufren de hijos<\/em> y les acogota la falta de otro tipo de compa\u00f1\u00eda, no se permiten el lujo de inventarse excusas, as\u00ed que Andr\u00e9s, con la normalidad del solidario habitual le tranquiliza: <em>No te preocupes Maritza, la madre de mis hijos cree que siempre se lo hago a prop\u00f3sito.<\/em><\/p>\n<p>Antes siquiera haber ordenado algo para beber, ya son cuatro en la mesa: Las citas de amor de las posguerras sentimentales carecen de intimidad, y como cualquier par de veteranos que se cruzan, se ense\u00f1an las cicatrices y se cuentan sus batallas.<\/p>\n<p>Las citas de veteranos de amor sacan a flote un tipo especial de ternura. Una de andar por casa, que dista mucho de la presi\u00f3n mercadot\u00e9cnica de causar una buena impresi\u00f3n. Se juega con las cartas hacia arriba, porque cada uno sabe la mano que el otro lleva.<\/p>\n<p>Como cita al fin, lo \u00fanico importante observar es que las risas que surjan sean sinceras y que en la sobremesa, el otro adopte la inconfundible postura del genuino inter\u00e9s, en la que la mano a palma abierta sirve de atril a la barbilla, mientras las miradas fluyen remojadas en un chorrito de embeleso. En la mayor\u00eda de los casos \u00e9sto y algo de qu\u00edmica se encargan de atenuar la torpeza que producen los vestidos inc\u00f3modos y la inseguridad de las cejas sobrepobladas.<\/p>\n<p>&#8211; &#8211; &#8211;<br \/>\n<em>Nota del Cartero: Querido lector, pido la deferencia que pronuncie Maritza como si no llevara \u00abt\u00bb. Aunque eso de \u00abquerido lector\u00bb es una forma de hablar, porque, a ver, a quien se le ocurre pasarse por aqu\u00ed un viernes santo. Eh&#8230; \u00a1ah si! para los que desconozcan el Caribe, entre las parejas divorciadas o en las cuales el amor ya no existe, el trato hacia sus \u00abex\u00bb est\u00e1 asociado a su funci\u00f3n biol\u00f3gica con respecto a los hijos.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Maritza hab\u00eda olvidado c\u00f3mo lucir la elegancia con comodidad. 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