{"id":135,"date":"2004-04-21T12:45:37","date_gmt":"2004-04-21T12:45:37","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-29T22:00:00","slug":"el-carro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cartasjeroglificas.org\/blog\/2004\/04\/21\/el-carro\/","title":{"rendered":"El Carro"},"content":{"rendered":"<p>Debe estar por llamar &#8211; pens\u00f3 Mar\u00eda en voz alta &#8211; con la certeza que proporcionan los a\u00f1os. Juan hab\u00eda salido esa misma ma\u00f1ana en su carro particular, para efectuar el recorrido mensual de supervisi\u00f3n, de los puntos de venta de la zona costera. Despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de matrimonio y dos hijos, ella esperaba esa llamada como una costumbre. No para enterarse de alg\u00fan infortunio, que para eso no necesitaba llamadas. Esas cosas se sienten, afirmaba con convicci\u00f3n. Sino <em>para que \u00e9l se quedara tranquilo<\/em>.  A cuatrocientos kil\u00f3metros de distancia, Juan le llam\u00f3 brevemente, mientras se asilaba con un caf\u00e9 en una bomba de carretera y  <em>para que ella se quedara tranquila<\/em>, como sol\u00eda decir. Luego de un saludo inicial, breve y m\u00e1s que amoroso, protocolario, Mar\u00eda pregunt\u00f3 por el otro miembro de la familia. &#8211; Ve, \u00bfy c\u00f3mo se port\u00f3 el carro?<\/p>\n<div class=\"picderecha\"><img src=\"http:\/\/www.cartasjeroglificas.org\/b2evo\/archives\/familia_carro01.jpg\" border=\"0\" \/><\/div>\n<p>En el caribe acostumbramos atribuir volici\u00f3n a casi todas las m\u00e1quinas. Pero el caso del carro es m\u00e1s que eso. Sobre todo para la clase pobre-alta, es m\u00e1s que un s\u00edmbolo de estatus, es un heredero, un familiar, un confidente; que no come en la mesa del comedor, por la mala costumbre de los fabricantes de hacer las mesas peque\u00f1as.<\/p>\n<p>En las partidas de nacimiento de mis veintitr\u00e9s t\u00edos figura la palabra chofer, que era la profesi\u00f3n de mis abuelos. De ellos heredaron los rituales y los mimos que habr\u00edan de proporcionar a sus carros, y a trav\u00e9s de ellos fui testigo de los extremos a los que pod\u00edan llegar, para honrar la bandera del mantenimiento preventivo. Claramente: Sus mujeres aceptaban la competencia desleal y se resignan a no recibir ni un regalo por navidad, mientras al carro se le compraban esterillas, flecos y se le acaricia con pulituras todos los domingos por la tarde. As\u00ed, se da la paradoja de que Mar\u00eda preguntara por el carro, como quien pregunta por la querida.<\/p>\n<p>He sido testigo de la costumbre de bendecir los carros, aunque esto no deber\u00eda ser visto como una excentricidad, ya que el cura de mi pueblo bendec\u00eda hasta las licorer\u00edas. Tambi\u00e9n podr\u00eda resultar ex\u00f3tico que en el caribe el carro figure como un complemento de la personalidad; y como los perros, los carros desarrollen una metamorfosis para mimetizar a sus due\u00f1os, y no les quepa la menor duda que tambi\u00e9n ocurre al contrario. Los carros se ganan atributos humanos junto con el cari\u00f1o, y pueden llegar a ser fieles, celosos y caprichosos, sobre todo cuando los a\u00f1os le pasan factura. A los carros se les trata con ese dejo de propiedad con que las madres suelen decir que  &#8220;el ni\u00f1o no <em>me<\/em> come caraotas.&#8221;<\/p>\n<p>El caso emblema de esta relaci\u00f3n, se da con los carros-sustento. Aquellos que levantan familias a base de kil\u00f3metros, y que envejecen junto con el cartelito de por puesto, libre o taxi. A estos se les habla, literalmente, y se les adorna con alguna imagen sagrada, que baila al son del retrovisor.<\/p>\n<p>Finalmente, la corroboraci\u00f3n de este aprecio al carro suele reposar en los \u00e1lbumes de muchos hogares. En los cuales duerme segura, alguna foto de familia, que muestra a Mar\u00eda con la ni\u00f1a en brazos, a Carlitos engominado y a Juan, con una mano en el bolsillo y la otra sobre el cap\u00f3 de su fiel escudero, pongamos por ejemplo, un Malib\u00fa del 77.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Debe estar por llamar &#8211; pens\u00f3 Mar\u00eda en voz alta &#8211; con la certeza que proporcionan los a\u00f1os. 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