Maximizar la ganancia de los accionistas

Los dogmas me distraen con mucha facilidad. Y eso es un problema. Especialmente cuando se trata de la formación reglada. Basta con que el docente comience su disertación con un dogma para que desconecte y empiece a darle vueltas en la cabeza: que por qué existe, que de dónde vendrá, a quién se le habrá ocurrido y qué buscaba simplificar (o complicar) con el mismo y… es ahora cuando debo escribir etc. El dogma que titula la nota es la respuesta a la pregunta sobre cuál es el objetivo principal de la dirección de una empresa. La frase que debe guiar su toma de decisiones. En su oportunidad me atreví a preguntar y recibí un “no sea insolente”, seguido de mi apellido. Pero no me amilané —estaba acostumbrado— y seguí indagando hasta que algunos meses después di con la respuesta, en un libro0. Aquéllo no fue más que mera jurisprudencia.

En aquellos días de 1916 a Henry Ford le iba muy bien. Vendía montones del Modelo T a precios cada vez más bajos; ampliaba y ampliaba la cadena de producción; revolucionaba el marcado de trabajo duplicando el salario del sector (sin que nadie se lo pidiera) e implantaba la semana laboral de cuarenta horas y; en fin, daba la sensación de ser imparable. Los que no estaban muy contentos era sus accionistas, especialmente los minoritarios, porque como director de la empresa, decidía reinvertir los beneficios en lugar de potenciar los dividendos. Entonces diré, en un alarde de simplificación del cuento, que le demandaron. Específicamente un par de ellos, hermanos para más señas y con el familiar apellido Dodge.

En el famoso juicio de Dodge vs Ford  Henry Ford dijo en su defensa:

“My ambition is to employ still more men, to spread the benefits of this industrial system to the greatest possible number, to help them build up their lives and their homes. To do this we are putting the greatest share of our profits back in the business.

Loable ambición, a qué sí. Bueno, lo cierto es que los jueces de la Corte Suprema de Michigan fallaron en contra de Ford y obligaron a pagar los dividendos a los hermanos Dodge. En el fallo le dejaban el dogma:

There should be no confusion …. A business corporation is
organized and carried on primarily for the profit of the
stockholders. The powers of the directors are to be employed for that end. The discretion of the directors is to be exercised in the choice of means to attain that end, and does not extend to … other purposes.”

Y de allí en adelante funcionó como una postverdad de nuestros días. Quién iba a poner en duda cosa tan obvia1. Pero detrás, había otra historia. Los hermanos eran propietarios de la Dodge Brothers Company, proveedora principal de motores y chasis de la fábrica de Ford, de la que, además, eran accionistas; porque fue con acciones que Henry los convenció para que se embarcaran en la aventura fundacional de Ford. De hecho, John, unos de los hermanos, fungió de vicepresidente de Ford durante cerca de diez años, hasta que les dio por hacer, ya que estaban, sus propios coches. Así, los dividendos a los que tenían derecho eran imprescindibles. Henry reaccionó entonces: ¡bacié!2 ¡no van a ver ni una puya!3

Pero sí que las vieron. Tanto que sus vehículos estuvieron mucho tiempo como los segundos más vendidos, aunque los hermanos  lo disfrutaron poco. En 1920 y por distintas causas mueren los dos. Las viudas venden la compañía y ésta es vuelta a vender hasta que a finales de los años veinte la compra un tal señor Chrysler. Éste le da nombre a una compañía que, con días brillantes y otros oscuros, termina extendiendo el legado de los hermanos Dodgs hasta que, cien años después, termina siendo comprada por una tal Fabbrica Italiana Automobili Torino respondiendo al dogmático objetivo de: maximizar la ganancia de los accionistas.

 


0.- RAE: m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen. En la antigüedad se utilizan para aprender cositas juiciosamente.
1.- Pero los hay: Stout, Lynn A., “Why We Should Stop Teaching Dodge v. Ford” (2008). Cornell Law Faculty Publications. Paper 724
2.- Expresses opposition to an idea or action.
3.- Cinco Céntimos de Bolívar entre 1896 y 1948.

 

 

La amplitud de la culpa


“La «culpa» es de la ciencia, que es soberbia y destructiva; de los políticos, que son ineptos y corruptos; de los ricos, que son codiciosos y explotadores; de los banqueros, que son avariciosos y especuladores; de los pobres, que forman muchedumbres improductivas; de los creyentes de la religión tal, que son unos fanáticos; de los partidarios de la ideología cual, que son unos descreídos; de los de la etnia tal, que son incapaces de progresar; de los de la nación cual, que son unos imperialistas abominables… Cada cual esgrime su «
teoría», que no le tranquiliza, pero le sirve para figurarse que existe la posibilidad de un mundo ordenado, por lo demás absolutamente irreal, en el que «si las cosas se hicieran como debieran» sería posible refugiarse a perpetuidad.”

                                              Paloma García Picazo1

1.En “El sistema mundial: perspectivas políticas y sociológicas” (2010) Capítulo VI. Supervivencia en el sistema mundial: Un mundo Irreversible.

 

¿Por qué la mamá de Marco se fue a Argentina?

La Gran Depresión o Depresión Larga que asoló a Europa a finales del XIX empujó a la señora Rossi a emigrar de su Génova natal. Su marido, el doctor Pietro Rossi, siempre me pareció un pusilánime. No sólo mandó a su mujer allende los mares a buscarse la vida para mandar dinero a casa, sino que cuando se quedó sin noticias de ella, mandó también a su hijo Marco a buscarla. ¡Habrase visto! Muy médico de los pobres sería, pero esas cosas no se hacen. Durante cincuenta y dos episodios el pobre muchacho mantuvo en un puño nuestros frágiles corazones infantiles, hasta que llega el final feliz. No recuerdo cuantas veces llegué a ver Marco en sus habituales emisiones veraniegas durante los ochentas, pero sí cómo iba descubriendo su lenguaje.

La forma de contar Marco fue toda una declaración de intenciones. No era simple Anime. Aquello era otra cosa. La puesta en escena, el movimiento de la cámara y la intencionalidad de los movimientos estaba planteada con una transparencia tal que hacía entender vívidamente el sentir de los personajes. Pero con sutiliza, sin que fuésemos conscientes. Creo que junto a Heidi, Marco representó el ejercicio de creación de estilo que permitió el surgimiento de dos portentos: Isao Takahata y Hayao Miyazaki. Ambos trabajaron en éstas series como director y responsable de escenografía respectivamente en los años setenta del siglo pasado. Años después, Isao Takahata crearía la joya que es La tumba de las Luciérnagas y no muy allá, el genio de Hayao Miyazaki, moldearía la laureada El viaje de Chihiro.

Sin embargo, yo seguía preguntándome en mi mente infantil, por qué la mamá de marco se había ido a Argentina y no a Venezuela. Una duda infantil, y por demás natural, en el contexto de la  propaganda patriótica a la que estábamos sometidos. Pero la explicación estaba en los números.

A finales del siglo XIX y principios del XX, Argentina tuvo un crecimiento medio del 10% del PIB. Su nivel de vida era prometedor incluso para las clases obreras, estaba más urbanizada que muchas ciudades europeas y su fuerza exportadora no tenía parangón en el mundo. Simplemente, era una potencia. Estaban tan ávidos de gente, que incluso subsidiaban los billetes de los inmigrante y garantizaban el alojamiento durante los primeros días. La señora Rossi tuvo que haberse aprovechado de todo aquello y seguramente pasó alguna que otra noche en el hoy monumento nacional Hotel de Inmigrantes del puerto de Buenos Aires.

Dadas las condiciones, qué carrizo iba a buscar la señora Rossi en un paisito pobre del sur del Caribe.