Focus

Cuando a los medios de comunicación masiva y agencias de noticias se les señala por la forma en que deciden dónde poner el foco, suelen alegar que se limitan a reflejar lo que resulta relevante para la sociedad. Es un tema esencialmente controvertido y en el que no tenemos más que confiar en que la dimensión ética de los profesionales del sector funcione como garantía de equilibrio. Es lo mejor. Está absolutamente comprobado que nos iría mucho peor sin ellos, en sentido positivo, no imaginándolo como un mal menor.

Sin embargo, a veces sorprende (es un decir) porque si la cobertura está relacionada con el interés social, y se retroalimentan, algo podríamos no estar haciendo bien. Especialmente, porque en occidente ya casi no hay sujetos pasivos de las noticias, pues a través de  las redes virtuales de comunicación también participan en ese “poner foco”… aunque la mayoría de las veces sea reenviado un meme.

Pongamos por ejemplo dos episodios coincidentes en el tiempo a finales del invierno de 2017. Desconozco a los protagonistas y a las organizaciones que están detrás.

  1. Un grupo de mujeres se pone en huelga de hambre en la Puerta del Sol de Madrid, en protesta por el desamparo ante el que se encuentran, mujeres e hijos, ante la violencia machista y la laxa aplicación de la Ley. Estuvieron 26 días.
  2. Una asociación civil pone a circular por Madrid un autobús  con un mensaje que cuestiona la transexualidad. Las autoridades, en cumplimiento de la Ley, le prohíben circular por incitación al odio.

Para hacernos una idea, hagamos una prueba de cobertura a día de hoy, confiando, sin intención científica, en lo que ha recogido el Gran Indexador (a la fecha google) en su apartado de noticias, donde agrega lo que dicen los medios de comunicación en España sobre estos hechos.

          Caso 1: 27.300 resultados.
          Caso 2: 163.000 resultados.

Nada más.

Me aburro

Por estos días llevo debajo del brazo y con evidente demora la autobiografía del Doctor Sacks; ese gran escritor prestado a la neurología. Con un estilo crudo, transparente y poco condescendiente —algo escaso en este tipo de género—, mantiene la tradición de salpicar, no sin polémica, sus páginas con algunos casos clínicos que se fue encontrando durante su vida.

Me he topado con uno que me ha resultado revelador con respecto a la naturaleza humana (maximalista que amanecimos) y que os resumo brevemente:

Durante uno de sus primero trabajos, en una clínica especializada en cefaleas,  vio a un paciente que sufría de migrañas todos los domingos. Como un reloj. Él era matemático, llevaba una vida normal, floreciente y creativa de lunes a miércoles, pero a partir de los jueves iba degenerando poco a poco hasta desembocar el domingo en una terrible migraña que afectaba demasiado su calidad de vida y la de su familia. El Doctor Sacks lo puso en tratamiento. Pasados unos días, le llamó para preguntarle qué tal le iba. El hombre le dijo que, en efecto, las migrañas habían remitido y no habían vuelto a aparecer, pero le estaba costando mucho lidiar con los efectos secundarios. Cuando el Doctor Sacks indaga sobre dichos efectos, el hombre se sincera y le dice sin rodeos: es que desde que no tengo migrañas, me aburro.

Somos una creación inmensa tu.

¡Dejad de tomar notas!

Hay gente que no sabe qué hacer con sus manos, especialmente cuando le toca hablar en público. Suelen llevarlas a los bolsillos, cruzarlas a la altura del pecho o arriesgarse a ejecutar esa peligrosa maniobra —que tan bien dominan los políticos— de enfatizar juntando los dedos de ambas manos en un solo movimiento. No es fácil, inténtelo.  Pasa algo similar en las reuniones de trabajo, pero en lugar de las manos, la gente no sabe qué hacer con la atención. Al parecer, está en desuso prestar atención en las reuniones mirando al interlocutor; resulta preferible pasar el rato tomando notas cual taquígrafo de lo que todo el mundo dice y piensa. No digo que tomar notas no sea una buena práctica, pero los antiguos reservaban semejante interrupción al acto de prestar atención sólo para poner por escrito algún breve comentario o recordatorio destacable y como apoyo a sus propias reflexiones.

Resulta conmovedor cómo hoy en día las mesas de las salas de reunión rebosan de portátiles (y móviles) de cuyas pantallas y teclados los asistentes no se despegan ni un minuto. Algunos dan la impresión de estar tomando notas, incluso cuando nadie habla, otros contestan correos, chatean, leen la prensa o atienden las redes sociales. Todo esto se ha convertido en la nueva norma de etiqueta de las reuniones, y así nos va. Al principio era un fenómeno que sólo se veía en las reuniones multitudinarias, esa inutilidad del management moderno; pero poco a poco ha penetrado hasta en las que se llevan a cabo en petit comité. Alguna vez han interpretado mi rebelde gesto de asistir sin portátil como una  excentricidad equiparable a ir desnudo.

Desconozco las razones por las que hemos llegado a esto (aunque las intuya), pero es el tipo de cosas que sólo cambian desde arriba. Los eventos laborales deberían comenzar a incluir la coletilla de la etiqueta, como aquellas cenas en las que se exige traje formal. Cuando aparezca la primera reunión que indique la coletilla de asistir sin portátil y apagar los móviles, tal vez las reuniones serán más efectivas y sobre todo, sobre todo, sobre todo; duren menos, que viene a ser más o menos lo mismo.

Notas relacionadas:
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