Pequeñas Tragedias Veraniegas IV

La bombilla del horno se ha quemado y a mi Marido se le ha tronchado un tobillo. Tiene un esguince dice el médico. La bombilla se ha quemado en medio de la cocción de una tarta de piña, la preferida de mi Marido, y como no soy muy buena en eso de la repostería no quise desafiar las instrucciones del recetario, que decía que no se abriese el horno hasta que no se formara una capa dorada y consistente.

Así que opté por inspeccionar la tarta como se inspeccionan los devanes en las películas de suspense: a punta de linterna. Pero pasó que, por algún efecto óptico, que no viene al caso explicar aquí (tampoco sabría hacerlo), cuando creí divisar a través del cristal una capa dorada y consistente resultó ser en realidad morada y repelente, lo cual demuestra la importancia de la Luz Interior.

Afortunadamente mi Marido se ha tronchado el tobillo, porque con el dolor, se conoce, a los Maridos no les apetecen las tartas.

Para ser hombre, mi Marido aguanta muy bien el dolor. Lo sé, porque en esos casos le da por reírse. Cuando a un hombre algo no le duele tanto, quiero decir, que está en el umbral de lo soportable, éste se quejará cual se tratase de una herida abierta enjuagada en agua con sal. Pero, si por el contrario el dolor es superior a su verdadera entereza, éste optará por reírse. Para disimular, ya saben: Que la cosa que más le repatea a los hombres es que se sepa la verdad. (no importa si es de la buena.)

0 pensamientos en “Pequeñas Tragedias Veraniegas IV

  1. “Lo poco espanta y lo mucho amansa” reza un refrán castizo de antigua data…. cuanto peor estén las cosas, hay que reirse. A otros les da por cantar por aquello de de “Quien canta sus males espanta”…
    Amanecí refranera hoy.
    Ya te echaba de menos, Oca!

    Un abrazotote,
    Palas A.

  2. Hola Palas.

    Creo que el fin último de todos estos mecanísmos es el de evitar la queja. Digo, esa queja injustificada, reiterada y cansina. Reírse es mejor en todo caso, porque expresas con buena cara. Hay otras opciones como darle vueltas en la cabeza sin expresar verbalmente, pero nada supera al reirse del dolor propio. Esto último muy importante. Sólo debe utilizarse con uno mismo…

    Besitos