Cristina se ha vuelto loca

Cristina tiene veintiocho años y se ha vuelto loca. Luego de dos semanas sin poder digerirle las palabras, a causa del cabreo monumental que cogió por mi pequeña incursión exploratoria a lo “think & broadcast”, en la que, según ella, la traté de modo denigrante… después de dos semanas, decía, se vino a pasar el fin de semana en el piso. Me estuvo mirando a destiempo con un aire temeroso-reflexivo, cocinó mi plato preferido, me cortó las uñas de los pies y los pelitos asomados por la nariz, me sacó algunas espinillas y me aceitó los codos porque a según, los tenía resecos. Y en una de esas, cuando ya había dejado de extrañarme la situación, ¡zas!, me apuñaleó a traición mientras me bebía un café volcánico a sorbitos. ¿Sabes qué? – me dijo – creo que deberíamos formalizar lo nuestro.

Seguí sorbiendo como para disimular, pero como los hombres no podemos sorber café y pensar simultáneamente, no alcancé a fraguar una contra-defensa inteligente. Así que con ademán desenfadado le pregunté: ¿A qué te refieres con formalizar, cariño? (ese “cariño” actúa como sufijo atenuante en la mayoría de los casos) ¿Qué más va a ser, pues? respondió (ese “pues” con retintín, actúa como reproche implícito ante la ausencia de una respuesta harto evidente) formalizar… enseriarnos, completó.

La cosa más compleja que se ha inventado con el lenguaje hablado, es la metáfora afectivo-vinculante. Aunque viéndolo detenidamente, no inventamos nada, lo que hizo el homo sapien fue trasladar pelo a pelo, la intencionalidad difusa de las señas y los gestos de cuando no tenía aún desarrollado el aparato fonador, a un conjunto de frases y palabras sobre las que se espera que la contraparte haga interpretación. Es decir, lo que Cristina deseaba evaluar era si yo interpreto formalizarse y enseriarse de la misma forma que ella.

Tengo un amigo colombiano en el trabajo, y de él tomé prestado un comodín aclaratorio, que antes me ha funcionado muy bien. Dejé la tacita vacía encima del posavasos y le pregunté: Amor, ¿¡cómo así!? (ese “Amor” ya no sirve de nada ante tanta rehuída, pero bueno, lo usé por si colaba). Se incorporó serena del sofá, y mientras recogía la tacita para llevarla de vuelta a la cocina, me dejó una frase, dicha mirando hacia atrás con vocación de lapidaria. Cariño, yo te comprendo, pero deberías ir pensado en desprenderte de ese miedo al compromiso, típico de todos los hombres… y siguió, desde la cocina, con un tratado de madurez y sentido de la vida, del cual perdí la pista luego de haber entrado en shock.

¡Por la ceguera de Borges! Cómo puede decirme que le tengo miedo al compromiso, si he firmado una hipoteca con ella por los próximos treinta años y que gracias a eso, vivo una vida de riesgo limpiando cristales todos los días. Definitivamente, en el diccionario van a tener que hacer hueco para otra acepción, porque el compromiso, al menos en el protocolo de los afectos, se ha convertido más bien, en un estado de ánimo íntimamente ligado a las expectativas del ego.

 

8 pensamientos en “Cristina se ha vuelto loca

  1. 😉 esos colombianos si tienen algo bueno es precisamente sus comodines aclaratorios. Oca, yo le digo que tome todas las metàforas aclaratorias que pueda de su pana colombiano y publíquelas como quien no quiere la cosa por estos lados, que yo las tomo prestadadas de este blog.
    Y ha sido muy simpàtica su relaciòn con Cristina. Si no es porque una editorial española ya se adelantò con otro blog les hubiese aconsejado que se leyeran sus anécdotas con Cristi que a lo mejor le ganan a las del Principe ese que uds tienen y la tal Camila.
    Como sabes he estado renovando estos blogs del infierno que quitan todo el tiempo del mundo y me he metido en camisa de once varas…pero bueno voy a ver como sobrevivo al los cambios.
    Saludos como siempre.

  2. Bueno, eso de que los hombres no podamos sorber un café y pensar a la vez, no es ningún handicap. Al contario.
    Fíjate en Richard Nixon, de quien sus adversarios aseguraban que era incapaz de cruzar una calle a la vez que mascaba un chicle (a decir verdad, yo nunca lo he intentado, ¿y tú?) y ahí lo tienes, llegó a Presidente de los EEUU.

    Ahora que leo el comentario de GANDICA, hay algo que me intriga: ¿tú estás vivendo en España o Inglaterra? Digo esto porque Letizia Y Camila tienen en común de contar con un consorte (Camila está a punto de “coronar”) que es heredero de la Corona, pero de diferentes “Reinos”.

    Claro está, que a nivel de suegros, la cosa marca distancia. Mientras Don Juan Carlos (hay que reconocerlo) derrocha simpatía sin mezquindad alguna, la flema británica de Isabel le enfría a cualquiera el guarapo.

    Saludos.

  3. Muy bueno el cuento y la perspectiva masculina… En mi caso no esperé a que se enseriara sencillamente le comuniqué a mi hoy esposo que nos íbamos a casar ese año… a lo que dijo: ¿Ah, sí?, y yo: sí , y él: okay… Hasta ahora va bien la cosa… Pero quizás este comentario no lo debe leer Cristina, no?… Por cierto gracias por pasar por mi blog…

  4. Tienes la redacción o escribes como el filo del bisturí de un cirujano. Firme, preciso, elegante y lo suficientemente sensible como para no matar al “paciente”. Me he tomado la libertad de linkiar tus Cartas Jeroglíficas.

  5. Hola a todos:

    KBULLA:
    No sé. A mi me gustaría, por ejemplo, tener la capacidad femenina de poder leer mientras escucho la radio. O seguir varias conversaciones a la vez. Yo soy de los que para hacer una suma, tengo que bajarle en volumen al televisor. Lo otro era… ¡ah si!, vivo en España, pero escribo desde el Caribe.

    KIRA:
    Bienvenida: Ten la total seguridad de que Cristina hará lo mismo que tu, lo que pasa es que aún me quedan cosas que decir sobre la hipoteca de mi atormentado. He visto en cuatro matrimonios amigos hacer lo que has hecho tu y tampoco les va mal.

    Slayer_X:
    El matrimonio es un contrato con implicaciones económicas que suelen confundirse con sentimentales. (de hecho el invento del matrimonio no se basó en el amor, sino en la herencia.) De todas formas, desde el punto de visto creativo, me interesa más mantener entre ellos una relación inmobiliaria… 🙂

    MURCIELAGATO:
    Muchas gracias. ¡Que cosas que dices! Ahora bien, lo de no matar al paciente, es más bien al impaciente. Muchas veces mi estilo (si eso existe) se ve condicionando, en lo que a concreción se refiere, a la forma en la cual los lectores online, (me) leen cuando están online. Hace mucho tiempo, escribí sobre el tema, al final te dejo el link. Por eso, aunque tengo pocos lectores (aunque fieles) trato de no pasarme nunca de una cuartilla y redactar para que pueda ser leído aprox. en tres minutos. También me aseguro de que sea cómodo para ser leído en voz alta. Si no fluye en voz alta, no lo publico. Además, así se hace más divertido escribir. Puedes estar días con una nota en la cabeza para reducir un párrafo a una frase.

    Un saludo
    Y gracias a todos por pasar por aquí.

    Ocatrapse.

    El link:
    http://www.ocatrapse.org/b2evo/blogs/index.php?p=37&more=1&c=1&tb=1&pb=1

  6. En eso de buscar el compromiso firmado, algunas gringas se dejan de cuentos y convencen gentilmente a sus parejas de las bondades del matrimonio, a punta de pistola.
    Me imagino que para algunas personas, no es miedo a comprometerse si ya lo han demostrado a través de la aceptación de la responsabilidad compartida en la convivencia; parece que tiene que ver más con pérdida del control.
    Es como encerrarte en la casa, declarar que nunca más vas a querer salir y tirar la llave a la calle, o salir a bucear y que el otro cargue con tu tanque de oxígeno…

    Susto!

    Un abrazo,
    Palas A.

  7. Palas, decías que:

    Me imagino que para algunas personas, no es miedo a comprometerse si ya lo han demostrado a través de la aceptación de la responsabilidad compartida en la convivencia…

    Es que precisamente creo que la convivencia es una consecuencia sin opción de ser aceptada o no. Por lo tanto no es una responsabildiad cómoda ni buscada, es simplemente lo que se espera, algo así como la razón de ser de la relación.

    En estos días me tope con un amigo que no veía desde su matrimonio, hace unos años y resulta que ya se había divorciado. ¿Y esa vaina? le pregunté. No te creas, me dijo, el matrimonio es una maravilla, lo difícil fue vivir juntos.

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