Bestiario

Hoy les hablaré de un tema un poco más aburrido que los habituales: La perfección. Esa cualidad de perfecto, según el DRAE, que igual vale para un roto que para un descosido. Una percepción de las cosas que sirve tanto para hablar de un crimen redondo, que no deja huellas, como de un trabajo bien hecho, una obra muy bien lograda, o un perfecto idiota. La perfección suele verse como virtud cuando se alcanza y como defecto cuando se busca.

Lo que más me curiosea de la perfección son aquellos trastornos sicológicos que incluyen o se basan en la búsqueda incesante, ya no de lo suficiente, sino de lo perfecto, perdiendo de vista completamente las imperfecciones colaterales que se generan en el camino. La anorexia o la vigorexia son buenos ejemplo, el síndrome de Superwoman también, e incluso uno sobre el que leía hace unos días, el síndrome del ama de casa, “…un trastorno psicológico que padecen tres de cada cien mujeres: la afectada limpia y ordena una y otra vez para sentirse en paz, pero cualquier atisbo de suciedad o desorden la desequilibra.”(1)

Al parecer todos estos síndromes se desarrollan porque suministran respuestas placenteras a la víctima en algún momento de su evolución, pero la cosa rara es que se centren en algo tan antinatural para el humano como la perfección.

Me gusta definir la perfección, como creo que lo hace la mayoría de la gente, tomando en cuenta el contexto. Me gusta verla como un convenio del inconciente colectivo donde más que un atributo de las cosas, es una medida: el grado en el que cualquier mejora no representa una diferencia sustancial.

Antes que buscar la perfección, que como vemos es un camino muy tortuoso, prefiero toparme con ella, disfrutar cuando me la encuentro de casualidad por allí y dejar que me deslumbre. Los matemáticos de seguro se cruzan con ella todos los días y en general los que trabajan en áreas dominadas por las teorías. Pero existen otros lugares en los cuales, si se está atento, se le puede encontrar. En los cuentos por ejemplo.

Traigo a colación los cuentos porque, dada su limitada extensión, no tienen el colchón que otorga una novela u otros géneros generosos, para elaborar extensamente. El cuentista tiene que esforzarse por lograr la concreción, sin sacrificar la belleza narrativa. El buen cuento, debería ser simple, llanito. Al menos para mi gusto.

De este último tipo de perfección me gusta mucho uno plasmado en el cuento Casa tomada, del compendio de cuentos Bestiario, de Julio Cortázar. Es acerca de la introducción de un personaje, la parte de cualquier novela o cuento en el cual el escritor dedica un esfuerzo para perfilar a un protagonista, o secundario. En las novelas, este ejercicio puede llevar varias páginas, hasta que el escritor considera que ha transmitido al lector una idea aproximada del perfilado. En el cuento, Cortazar necesita introducir un personaje complejo y muy peculiar, que le hubiese requerido un cuento aparte. Sin embargo, logra la perfección (en mi humilde y poco calificada opinión) cuando resuelve el reto en menos de diez palabras, tan significativas y suficientes que le dicen a uno todo lo que necesita saber sobre el carácter del personaje, dice: Irene era una chica nacida para no molestar a nadie.

– – –
Nota del cartero:
(1) Fuente: 20 minutos bajo licencia Creative Commons.

0 pensamientos en “Bestiario

  1. De lo bueno, poco.

    Saludos.

    P. D.: El login de FAMAS en mi mail, viene de: DE CRONOPIOS (soy CRONOPIO en el messenger) y FAMAS.

  2. No te creas. No siempre aplica. Yo si que agradezco una prosa sabrosa en una novela, que no tiene por qué ser perfecta, pero no por ello menos buena. Esa sensación que a veces experimentamos de leer poquito a poco un libro para que no se nos acabe, porque precisamente es bueno y en todo caso lo que es perfecto, es el proceso, el camino y no un destello concreto de prefección.

    Un Saludo Kbulla.
    Oca.

  3. Perfección en el uso del pensamiento y poder traducirlo en palabras, de las que a menudo se necesitan muchas para transmitir emociones… Qué cosa más compleja!
    Mira que me pusiste a pensar!
    Bueh! que así sea.

    Casi perdida en la vorágine del día a día, recibe el acostumbrado abrazo!

    Palas A.