Nostalgia Planetaria.
25.08.06 10:04:57 1950.0 m.
Injusticias
25.08.06 10:04:57 1950.0 m.
Injusticias
¿Te acuerdas cuando éramos nueve? le preguntará nostálgico, y con unas cervezas en órbita, algún planeta sobreviviente a otro en una de las farras que montan los cuerpos celestes y que los astrónomos llaman alineación planetaria.
Y es que desde anoche, los colegiados de la astronomía, en cumplimiento de su deber, han echado a la basura una brillante carreta de setenta y seis años de Plutón como el planeta más excéntrico y librepensador del sistema solar. Sin darle las gracias, sin una mísera condecoración por los años de servicio, aunque fuera por guardar las apariencias.
Que les puedo decir; se me antoja un acto de discriminación hacia las minorías planetarias, aquéllas que por no ser esbeltas y voluptuosas, son echadas del Club. Tomen ustedes nota: ¡que lo han sacado del sistema por enano!
Tranquilo Plutón, aquí en la tierra hay gente que te recordará mientras viva, y que te seguirá considerando el regente astrológico de quienes se salen de la norma y orbitan fuera del plano de los demás.
Un beso a Caronte, de mi parte.
Ocatrapse.
Y es que desde anoche, los colegiados de la astronomía, en cumplimiento de su deber, han echado a la basura una brillante carreta de setenta y seis años de Plutón como el planeta más excéntrico y librepensador del sistema solar. Sin darle las gracias, sin una mísera condecoración por los años de servicio, aunque fuera por guardar las apariencias.
Que les puedo decir; se me antoja un acto de discriminación hacia las minorías planetarias, aquéllas que por no ser esbeltas y voluptuosas, son echadas del Club. Tomen ustedes nota: ¡que lo han sacado del sistema por enano!
Tranquilo Plutón, aquí en la tierra hay gente que te recordará mientras viva, y que te seguirá considerando el regente astrológico de quienes se salen de la norma y orbitan fuera del plano de los demás.
Un beso a Caronte, de mi parte.
Ocatrapse.
En el nombre de Las Partes
22.08.06 13:08:23 1560.0 m.
Curiosidades
Topádome he con este interesante artículo a favor de la integración lingüística y cultural. Serio y documentado, intenta recoger la ingente veriedad de formas en las cuales los hispanohablantes nombran sus partes pudendas; y adicionalmente, algunas otras formas de expresiones soeces de uso regular.
En un primer vistazo, me sorpredió la eventual casualidad fonética de que, la mayor parte de los sinóminos regionales relacionados con la Vulva empienzan con "C" ó "Ch" (quince en total); mientras que los comenzados en "P" son apenas siete. Proporción que se invierte cuando se refieren al Pene, que tiene tan solo siete sinónimos que comienza con "C" y una abrumadora mayoría de veintiuno que empiezan por "P".
Así, para nombrar la Vulva, el hispanohablante se decanta por sonidos velares o palatales, con destacados tintes africados aportados por la "Ch", mientras que para nombrar el Pene recurre, esencialmente, a sonidos oclusivos y labiales.
22.08.06 13:08:23 1560.0 m.
Curiosidades

En un primer vistazo, me sorpredió la eventual casualidad fonética de que, la mayor parte de los sinóminos regionales relacionados con la Vulva empienzan con "C" ó "Ch" (quince en total); mientras que los comenzados en "P" son apenas siete. Proporción que se invierte cuando se refieren al Pene, que tiene tan solo siete sinónimos que comienza con "C" y una abrumadora mayoría de veintiuno que empiezan por "P".
Así, para nombrar la Vulva, el hispanohablante se decanta por sonidos velares o palatales, con destacados tintes africados aportados por la "Ch", mientras que para nombrar el Pene recurre, esencialmente, a sonidos oclusivos y labiales.
Pequeñas Tragedias Veraniegas VII
17.08.06 12:32:40 4050.0 m.
Bienestar
He pasado la noche en el aeropuerto. Desde ayer por la mañana, cuando me disponía a iniciar mis vacaciones, no ha despegado ni un solo avión. Esto es un caos. No hay Ley ni Dios. Esto parece un aeropuerto del tercer mundo, bueno, eso dice la señora de falda floreada que no ha parado de hablar y quejarse toda la noche, aunque tenga poca pinta de haber visitado algún aeropuerto del tercer mundo. No sé, me resultó una opinión muy a la ligera.
Todo comenzó sobre las cinco y treinta de la mañana, cuando los vendedores de periódicos de los kioscos distribuidos por las instalaciones, decidieron, en reivindicación de sus derechos laborales, que en ningún caso contemplan desembalar de los cartones, como cortesía a los clientes, las revistas que vienen con coleccionables, decidieron decía, invadir las pistas del aeropuerto, ante la atónita mirada de las autoridades.
Un rato más tarde, en medio del desconcierto, los embaladores de equipajes, en demanda de equipos automatizados que no les obligasen a agacharse para precintar los equipajes, se encaramaron en los aviones y pintaron de negro las ventanillas de las cabinas de los pilotos. Simultáneamente, los empleados que ordenan y reponen los carritos que los viajeros utilizan para acarrear el equipaje, pinchaban los neumáticos de los aeroplanos, en protesta porque se les obligase a empujar largar filas de carritos por el aeropuerto, sin contar con seguro a terceros y estando expuestos a demandas por parte de los pasajeros.
Los chicos y chicas del catering, que desde hace mucho tiempo están detrás de una indemnización por exposición a los vapores del queso azul que se sirve en primera clase, decidieron, como medida de presión, cambiar las etiquetas de los equipajes, con el consiguiente desmadre balístico (de balas quiero decir.)
Pero lo que más desasosiego me causó, fue la estocada final por parte de los mesoneros, en esta sucesión de protestas: Secuestraron los vasos, cubiertos y servilletas de todos los restaurantes; con la desagradable consecuencia de tener que beber el café con leche en las botellas usadas de agua mineral, comerse el arroz a mano desnuda y limpiarse la boca con la manga de la camisa: ¡Por Dios, como en el tercer mundo!
---
Nota del Cartero:
Fotografía tomada de www.pixalia.net, bajo licencia Creative Commons.
17.08.06 12:32:40 4050.0 m.
Bienestar
Todo comenzó sobre las cinco y treinta de la mañana, cuando los vendedores de periódicos de los kioscos distribuidos por las instalaciones, decidieron, en reivindicación de sus derechos laborales, que en ningún caso contemplan desembalar de los cartones, como cortesía a los clientes, las revistas que vienen con coleccionables, decidieron decía, invadir las pistas del aeropuerto, ante la atónita mirada de las autoridades.
Un rato más tarde, en medio del desconcierto, los embaladores de equipajes, en demanda de equipos automatizados que no les obligasen a agacharse para precintar los equipajes, se encaramaron en los aviones y pintaron de negro las ventanillas de las cabinas de los pilotos. Simultáneamente, los empleados que ordenan y reponen los carritos que los viajeros utilizan para acarrear el equipaje, pinchaban los neumáticos de los aeroplanos, en protesta porque se les obligase a empujar largar filas de carritos por el aeropuerto, sin contar con seguro a terceros y estando expuestos a demandas por parte de los pasajeros.
Los chicos y chicas del catering, que desde hace mucho tiempo están detrás de una indemnización por exposición a los vapores del queso azul que se sirve en primera clase, decidieron, como medida de presión, cambiar las etiquetas de los equipajes, con el consiguiente desmadre balístico (de balas quiero decir.)
Pero lo que más desasosiego me causó, fue la estocada final por parte de los mesoneros, en esta sucesión de protestas: Secuestraron los vasos, cubiertos y servilletas de todos los restaurantes; con la desagradable consecuencia de tener que beber el café con leche en las botellas usadas de agua mineral, comerse el arroz a mano desnuda y limpiarse la boca con la manga de la camisa: ¡Por Dios, como en el tercer mundo!
---
Nota del Cartero:
Fotografía tomada de www.pixalia.net, bajo licencia Creative Commons.
Pequeñas Tragedias Veraniegas VI
11.08.06 12:07:49 5240.0 m.
Bienestar
Me dijo que no me preocupara, que eso era sólo la primera impresión, que con el tiempo me haría a la idea, que él tenía un año pensándolo y que era lo mejor. “Es que necesito mi espacio, Chelo” me soltó, luego de engullir el desayuno que como devota a su santo le he preparado, no como obligación por favores recibidos, sino como un derecho adquirido y del que jamás recibí ni el milagro de las gracias. Me pidió el divorcio mientras se limpiaba la comisura de los labios, con naturalidad, como si comentara el partido de ayer.
Que habían sido treinta años de matrimonio, mucho trabajo y tres hijas, que quería vivir… y quién sabe – alegó con sonrisa de bucanero- “tal vez hasta encuentro el amor de mi vida.” O al menos fue lo que entendí, porque me lo dijo ya en el baño, mientras se lavaba los dientes y con esa sombra de duda que produce la espuma del dentífrico. Esa era una costumbre de su marca personal: cuando quería decir algo que podría revertirse en su contra, me lo decía lavándose los dientes, como una manera segura de poder negarlo después.
Yo... que quieres que te diga, ya las niñas se habían despertado y tenían que irse a la universidad. Estaban las camas por hacer, servirles el café y envolverles el bocadillo para media mañana. Que es que están en exámenes y a las pobres no les cunde el tiempo. Así que al pasar frente al frigorífico, cogí el papelito donde anoto las cosas de la compra y apunte: Respuesta para Agustín.
Porque eso es lo bueno que tiene hacer la compra, me da tiempo para buscar respuestas, pensar y pedirle consejo a los tomates.
Me dijo que no me preocupara, que por su parte quedaríamos como amigos, el se iba de casa a un pisito de soltero, pero que no era necesario romper la comunicación después de tantos años, que no valía la pena. Que él podía pasarse los fines de semana a traer la ropa sucia, ver a las niñas y llevarse comida para la semana y que al principio, mientras me acostumbraba y como un gesto de buena voluntad, podía pasarse a cenar todas las noches.
La Conchi me dijo que no le diera gusto a ese vejestorio, y que si quería experimentar la "libertad" que asumiera las consecuencias. Desde ese día dejé de cocinarle, lavarle, almidonarle las camisas, reponerle el papel higiénico y darle las friegas para el lumbago. Y si me hubiese olido antes esta puñalada, hubiese resucitado hace tiempo.
Para qué te voy a engañar. Los primeros días cuesta, pero cada vez que me acordaba de aquello de “encontrar el amor de su vida”, me sobreponía con mucha facilidad. El odio, a mis años, es como el gynseng.
----
Nota del Cartero:
Fotografía tomada de www.pixalia.net, bajo licencia Creative Commons.
11.08.06 12:07:49 5240.0 m.
Bienestar
Que habían sido treinta años de matrimonio, mucho trabajo y tres hijas, que quería vivir… y quién sabe – alegó con sonrisa de bucanero- “tal vez hasta encuentro el amor de mi vida.” O al menos fue lo que entendí, porque me lo dijo ya en el baño, mientras se lavaba los dientes y con esa sombra de duda que produce la espuma del dentífrico. Esa era una costumbre de su marca personal: cuando quería decir algo que podría revertirse en su contra, me lo decía lavándose los dientes, como una manera segura de poder negarlo después.
Yo... que quieres que te diga, ya las niñas se habían despertado y tenían que irse a la universidad. Estaban las camas por hacer, servirles el café y envolverles el bocadillo para media mañana. Que es que están en exámenes y a las pobres no les cunde el tiempo. Así que al pasar frente al frigorífico, cogí el papelito donde anoto las cosas de la compra y apunte: Respuesta para Agustín.
Porque eso es lo bueno que tiene hacer la compra, me da tiempo para buscar respuestas, pensar y pedirle consejo a los tomates.
Me dijo que no me preocupara, que por su parte quedaríamos como amigos, el se iba de casa a un pisito de soltero, pero que no era necesario romper la comunicación después de tantos años, que no valía la pena. Que él podía pasarse los fines de semana a traer la ropa sucia, ver a las niñas y llevarse comida para la semana y que al principio, mientras me acostumbraba y como un gesto de buena voluntad, podía pasarse a cenar todas las noches.
La Conchi me dijo que no le diera gusto a ese vejestorio, y que si quería experimentar la "libertad" que asumiera las consecuencias. Desde ese día dejé de cocinarle, lavarle, almidonarle las camisas, reponerle el papel higiénico y darle las friegas para el lumbago. Y si me hubiese olido antes esta puñalada, hubiese resucitado hace tiempo.
Para qué te voy a engañar. Los primeros días cuesta, pero cada vez que me acordaba de aquello de “encontrar el amor de su vida”, me sobreponía con mucha facilidad. El odio, a mis años, es como el gynseng.
----
Nota del Cartero:
Fotografía tomada de www.pixalia.net, bajo licencia Creative Commons.


