Vida inmobiliaria
29.01.05 13:54:09 7250.0 m.
Divertimento reflexivo
Hoy llegaré tarde. Para saber ese tipo de cosas no hace falta reloj. Estuve anoche en la despedida de soltero de Paco y Javier, y llegué a casa hace apenas un rato. Eso es lo bueno que tienen las despedidas de solteros homosexuales: Se hace una sola y ya. También les despedimos del barrio, porque aquí las excentricidades sólo se le toleran a los locos. Abrí el ojo izquierdo para enterarme de qué iba esa luz que se colaba por la persiana, y dejé el derecho cerrado a la custodia del sueño. Como comprenderán fue un ejercicio inútil porque estos gemelos son muy curiosos.
Me gusta consumir mi cuota de sueño completamente, si no lo hago me salen unas bochornosas y enormes ojeras verdes. Y hoy no tendré más remedio que llevarlas puestas al trabajo. Me gano la vida limpiando las fachadas de cristal de los edificios modernos que han construido en el barrio. No es superinteresante, pero al menos tengo curro para pagar la hipoteca. Se puede pensar que limpiar cristales es un trabajo obstinante, pero tiene la gran ventaja de efectuarse en solitario. Cuando miro desde afuera las salas de reuniones de las empresas, es divertido observar las caras de los asistentes, que si pudieran, se clavarían cuchillos de sierrita los unos a los otros. Son expresiones automáticas que sueltan sin darse cuenta. Lenguaje corporal, le llaman. No hace falta que me entere del asunto sobre el que están trabajando para saber el rol de cada uno. Con sólo echarles un vistazo puedo determinar quién está en lo suyo, y quien no puede sacarse de la cabeza la amenaza de un retraso mestrual. Mi jefe dice que la regla básica del limpia-cristales es no mirar para adentro, pero poco a poco desarrolla uno la habilidad para mirar sin ser visto.
La hipoteca nos la dieron cuando era encargado de un McDonalds, pero mi carrera se truncó cuando el local, unos de los primeros de la ciudad, fue víctima de una leyenda urbana relacionada con nuestras alitas de pollo.
Mi novia se llama Cristina, estamos juntos desde que nos empezó a crecer pelo en los genitales. Hemos hecho juntos el bachillerato y la universidad. Bueno, medio juntos, porque yo dejé la universidad después de intentar durante tres años superar el ciclo básico de antropología, sin siquiera enterarme de lo que era un ántropo. (¡aunque si llegué a conocer muchos antros!)
En realidad ya no nos queremos, estamos juntos por el piso, compartimos la hipoteca. Una mera relación inmobiliaria que además nos proporciona sexo, aunque ya más ocasionalmente. Estas cosas así de crudas no nos las decimos, porque, para qué. Ella vive con sus padres y seguimos manteniendo la fantasía de una boda para cuando ella termine la carrera. Lo importante es que aparentamos muy bien el amor. Fríamente hablando no me puedo quejar: Cristina está buena para lo que puede aspirar un feo como yo. Aunque pienso que ha sido un golpe de suerte, porque todo su esplendor apareció después. Para la época en la que nos dimos el primer beso con lengua, ella era un gancho.
Quedamos en vernos hoy por la tarde en el bowling. Ir a jugar con ella me gusta, porque su sola presencia levanta muchas envidias. Se nota en la forma en que me miran los hombres de las pistas de al lado. Lo que pasa es que el bowling es un deporte que practican sólo mujeres casadas y feas. Para ellas hacer un strike se convierte en una obsesión, porque es la única manera que sus maridos puedan alardear genuinamente de ellas frente a sus amigos.
Me iré a la cama temprano. Si no duermo bien, además de las ojeras, no me quedan bien limpios los cristales, aunque eso nadie lo nota. Los de adentro están tan entretenidos en sus conspiraciones que rara vez miran para afuera. ¡Cómo se nota que no les preocupan sus hipotecas!
- - -
curro: 1. m. coloq. trabajo (ǁ acción y efecto de trabajar).
piso: 4. m. Conjunto de habitaciones que constituyen vivienda independiente en una casa de varias alturas. En Latinoamérica, Apartamento.
relación inmobiliaria: Aparece, con la connotación expuesta, por cortesía de cyberf.
29.01.05 13:54:09 7250.0 m.
Divertimento reflexivo

Me gusta consumir mi cuota de sueño completamente, si no lo hago me salen unas bochornosas y enormes ojeras verdes. Y hoy no tendré más remedio que llevarlas puestas al trabajo. Me gano la vida limpiando las fachadas de cristal de los edificios modernos que han construido en el barrio. No es superinteresante, pero al menos tengo curro para pagar la hipoteca. Se puede pensar que limpiar cristales es un trabajo obstinante, pero tiene la gran ventaja de efectuarse en solitario. Cuando miro desde afuera las salas de reuniones de las empresas, es divertido observar las caras de los asistentes, que si pudieran, se clavarían cuchillos de sierrita los unos a los otros. Son expresiones automáticas que sueltan sin darse cuenta. Lenguaje corporal, le llaman. No hace falta que me entere del asunto sobre el que están trabajando para saber el rol de cada uno. Con sólo echarles un vistazo puedo determinar quién está en lo suyo, y quien no puede sacarse de la cabeza la amenaza de un retraso mestrual. Mi jefe dice que la regla básica del limpia-cristales es no mirar para adentro, pero poco a poco desarrolla uno la habilidad para mirar sin ser visto.
La hipoteca nos la dieron cuando era encargado de un McDonalds, pero mi carrera se truncó cuando el local, unos de los primeros de la ciudad, fue víctima de una leyenda urbana relacionada con nuestras alitas de pollo.
Mi novia se llama Cristina, estamos juntos desde que nos empezó a crecer pelo en los genitales. Hemos hecho juntos el bachillerato y la universidad. Bueno, medio juntos, porque yo dejé la universidad después de intentar durante tres años superar el ciclo básico de antropología, sin siquiera enterarme de lo que era un ántropo. (¡aunque si llegué a conocer muchos antros!)
En realidad ya no nos queremos, estamos juntos por el piso, compartimos la hipoteca. Una mera relación inmobiliaria que además nos proporciona sexo, aunque ya más ocasionalmente. Estas cosas así de crudas no nos las decimos, porque, para qué. Ella vive con sus padres y seguimos manteniendo la fantasía de una boda para cuando ella termine la carrera. Lo importante es que aparentamos muy bien el amor. Fríamente hablando no me puedo quejar: Cristina está buena para lo que puede aspirar un feo como yo. Aunque pienso que ha sido un golpe de suerte, porque todo su esplendor apareció después. Para la época en la que nos dimos el primer beso con lengua, ella era un gancho.
Quedamos en vernos hoy por la tarde en el bowling. Ir a jugar con ella me gusta, porque su sola presencia levanta muchas envidias. Se nota en la forma en que me miran los hombres de las pistas de al lado. Lo que pasa es que el bowling es un deporte que practican sólo mujeres casadas y feas. Para ellas hacer un strike se convierte en una obsesión, porque es la única manera que sus maridos puedan alardear genuinamente de ellas frente a sus amigos.
Me iré a la cama temprano. Si no duermo bien, además de las ojeras, no me quedan bien limpios los cristales, aunque eso nadie lo nota. Los de adentro están tan entretenidos en sus conspiraciones que rara vez miran para afuera. ¡Cómo se nota que no les preocupan sus hipotecas!
- - -
curro: 1. m. coloq. trabajo (ǁ acción y efecto de trabajar).
piso: 4. m. Conjunto de habitaciones que constituyen vivienda independiente en una casa de varias alturas. En Latinoamérica, Apartamento.
relación inmobiliaria: Aparece, con la connotación expuesta, por cortesía de cyberf.
Discrimination by Love
25.01.05 17:34:06 4770.0 m.
Reflexiones, Comeflores
A Cayetana le avisaron temprano. Las políticas de la empresa prohíben expresamente que trabajen aquí ambos miembros de un matrimonio. Si usted y Antonio se quieren casar, deben decidir primero quién se queda y quien se va. Para estas cosas los americanos son muy intransigentes, agregó la jefa de personal.
Morena altiva de tetas enormes, orejas prietas y dientes impolutos, Cayetana había ascendido en poco tiempo hasta supervisora de bioanálisis en el laboratorio, había estudiado de noche, trabajado de día y sufrido como cualquier mujer, todos las discriminaciones. Pero ésta no se la esperaba. Se retorció como si un cubito de hielo hubiera estado haciendo surf por su espalda. Hasta pensó que la cosa era inconstitucional y que violaba sus derechos humanos. Pero más tarde su abogado se lo dejó claro: Mire usted, el amor, que yo sepa, no figura en ninguna constitución como derecho, y tampoco en la declaración de los derechos humanos, no hay cómo apelar. Así que decidieron por Antonio que, sólo por ser hombre, ganaba más... y a día de hoy, no hay apósito que valga para cicatrizar en Cayetana, aquella amputación profesional en medio de una brillante carrera.
De qué estará compuesto el Amor, que no se considera a la altura de otros supuestos discriminatorios, como el sexo, la raza o la religión. Cayetana y Antonio estuvieron tentados, sólo por echar lavativa, a invocar la protección de la familia y el matrimonio, a la cual el estado está obligado constitucionalmente. Pero desistieron, al convencerse que ya nadie cree en esas cosas.
El Amor se parece mucho a la libertad, pero salvo en los antiguos ejércitos griegos, queda poco elegante para usarse como ideal en las constituciones. Es que no se presta, vamos. La libertad suena más suprema, tiene esa pinta augusta de derecho imprescindible, aunque hay un montón de gente que ama sin gozar de ésta. Es curioso lo parecido que resultan el Amor y la libertad: Cuando se cree haber alcanzado el amor, por ejemplo, comienzan a molestar hasta los eructos en la mesa y la tapita extraviada del dentífrico. Como pasa con la libertad una vez que se hace habitual, sus imperfecciones comienzan coger tamaño y convergen en su pérdida.
Esta falta de reconocimiento del Amor como derecho, probablemente se escude en la ambigüedad del concepto. En su dificultad para ser constatado, porque los otros derechos son vistos como preceptos, y el Amor es simple y exclusivamente un sentimiento.
Y es allí donde los esfuerzos de especificidad de las Constituciones se quedan cortos. Porque la constatación última de un derecho por parte del individuo, desemboca ni más ni menos que en un sentimiento. No es lo mismo tener libertad, que sentirse libre.
25.01.05 17:34:06 4770.0 m.
Reflexiones, Comeflores
Morena altiva de tetas enormes, orejas prietas y dientes impolutos, Cayetana había ascendido en poco tiempo hasta supervisora de bioanálisis en el laboratorio, había estudiado de noche, trabajado de día y sufrido como cualquier mujer, todos las discriminaciones. Pero ésta no se la esperaba. Se retorció como si un cubito de hielo hubiera estado haciendo surf por su espalda. Hasta pensó que la cosa era inconstitucional y que violaba sus derechos humanos. Pero más tarde su abogado se lo dejó claro: Mire usted, el amor, que yo sepa, no figura en ninguna constitución como derecho, y tampoco en la declaración de los derechos humanos, no hay cómo apelar. Así que decidieron por Antonio que, sólo por ser hombre, ganaba más... y a día de hoy, no hay apósito que valga para cicatrizar en Cayetana, aquella amputación profesional en medio de una brillante carrera.
De qué estará compuesto el Amor, que no se considera a la altura de otros supuestos discriminatorios, como el sexo, la raza o la religión. Cayetana y Antonio estuvieron tentados, sólo por echar lavativa, a invocar la protección de la familia y el matrimonio, a la cual el estado está obligado constitucionalmente. Pero desistieron, al convencerse que ya nadie cree en esas cosas.
El Amor se parece mucho a la libertad, pero salvo en los antiguos ejércitos griegos, queda poco elegante para usarse como ideal en las constituciones. Es que no se presta, vamos. La libertad suena más suprema, tiene esa pinta augusta de derecho imprescindible, aunque hay un montón de gente que ama sin gozar de ésta. Es curioso lo parecido que resultan el Amor y la libertad: Cuando se cree haber alcanzado el amor, por ejemplo, comienzan a molestar hasta los eructos en la mesa y la tapita extraviada del dentífrico. Como pasa con la libertad una vez que se hace habitual, sus imperfecciones comienzan coger tamaño y convergen en su pérdida.
Esta falta de reconocimiento del Amor como derecho, probablemente se escude en la ambigüedad del concepto. En su dificultad para ser constatado, porque los otros derechos son vistos como preceptos, y el Amor es simple y exclusivamente un sentimiento.
Y es allí donde los esfuerzos de especificidad de las Constituciones se quedan cortos. Porque la constatación última de un derecho por parte del individuo, desemboca ni más ni menos que en un sentimiento. No es lo mismo tener libertad, que sentirse libre.
Recomienda, que algo queda.
22.01.05 15:36:29 2130.0 m.
Bienestar
22.01.05 15:36:29 2130.0 m.
Bienestar
He leído una novela distinta. Única por algunas curiosidades narrativas, así como por contar una historia que, formalmente, no es una historia. El Curioso incidente del perro a media noche, de Mark Haddon, es una novela gramaticalmente limpia, escrito desde la perspectiva de los autores no alineados. Es original. Además, la primera que he leído que no contempla ni una sola metáfora (ni una). Para que lo disfruten como un descubrimiento, no lean la contraportada, no se enteren de qué va. Por eso no les pongo el link.
Como me enteré de él por el boca a boca (gracias cyberf) cumplo con mi parte de difusión.
El segundo es un nuevo ensayo de mi filósofo predilecto: José Antonio Marina. Con una fama de enredado y pavazo, con libros de letra pequeña y que no se pueden leer sino en absoluto silencio, esta vez se pone cercano, se deja de vainas con esa cantidad ingente de referencia a pie de página y escribe un libro ameno, suavecito y liviano. Además de pequeñito y conciso. Más en sintonía con su trabajo de profesor de bachillerato. Se titula: La inteligencia fracasada: Teoría y práctica de la estupidez.
Como siempre, sugerencias no vinculantes.
Como me enteré de él por el boca a boca (gracias cyberf) cumplo con mi parte de difusión.
El segundo es un nuevo ensayo de mi filósofo predilecto: José Antonio Marina. Con una fama de enredado y pavazo, con libros de letra pequeña y que no se pueden leer sino en absoluto silencio, esta vez se pone cercano, se deja de vainas con esa cantidad ingente de referencia a pie de página y escribe un libro ameno, suavecito y liviano. Además de pequeñito y conciso. Más en sintonía con su trabajo de profesor de bachillerato. Se titula: La inteligencia fracasada: Teoría y práctica de la estupidez.
Como siempre, sugerencias no vinculantes.
La Vedette
16.01.05 14:13:21 7910.0 m.
Bienestar
16.01.05 14:13:21 7910.0 m.
Bienestar
Hacerse el loco es una de las primeras habilidades sociales que desarrolla la cría humana. Me quedé inmovil detrás de una silla del comedor, a la distancia justa para ver bien aquel televisor en blanco y negro ante el cual mis tios hacían un semicírculo. A esa hora debía estar durmiendo, pero la atracción de lo prohibido me resultaba irresistible. Era un programa que, tal vez sólo por la hora, se suponía no debería ver, y que como muchas otras cosas marcaba las fronteras entre el mundo de los niños y los adultos. En la pantalla gris se apostaba un hombre menudo, de anteojos incisivos y sonrisa ladeada que al final de la presentación de la película decía: Busque su bucata o sofá y disfrute de este... Señor Cine. Acompañando las últimas dos palabras con un gesto reverencial deslizando la mano derecha de arriba a abajo, con la palma paralela a su pecho. Así, ¿¡ven!?
Ese día pasaban Ben y me delató un gritico de susto cuando comenzaron a aparecer un poco de ratas en la pantalla. Era una época en la cual la familia ejercía un especial cuidado por los menores, no les fumaban en la cara, por ejemplo, y les exigían que se taparan los ojos cuando venían las escenas con besos en la boca en la telenovelas. Eso siempre me intrigó. ¿Abuela, pero como es que no puedo ver algo que veo hacer a mi papá y a mi mamá todos los días? A lo que ella, con una simplicidad moral respondió: Porque tu papá y tu mamá son marido y mujer y los de la televisión lo hacen por vicio.
Pero ese criterio de protección tenía sus extrañas excepciones. Habían dos cosas que me dejaban ver, de hecho me conminaban a ello, con una argumentación taxativa: él es un varoncito. Una era la lucha libre, por la que realmente no terminé desarrollando ninguna predilección y la otra, las frecuentes presentaciones en la tele, los sábados por la tarde, de Iris Chacón. Una voluptuosa mujer en traje de baño, de culo y tetas enormes, ataviada con plumas y lentejuelas mareantes. Una vedette como se le llamaba. Cantaba una canción en la cual, de forma pícaro-sensual (a través de sus rimas) indicaba al espectador masculino lo que haría si su boquita fuera, correlativamente de: mayonesa, chocolate, limón verde, pan de azucar y arroz con ñame.
Era entretenida y a mi me gustaba verla, porque todos mis tios, mi papá y hasta mi abuelo la veíamos juntos. Estaba entre adultos y eso, al parecer, otorgaba un carácter adulto también a esa actividad. Pero echo de menos a las vedettes, no por aquellas sesiones testosterónicas solamente, sino por la esencia misma de aquel género del entretenimiento que fueron las revistas de variedades. Espectáculos en el que igual había cantantes, que cuerpos de vallet, números de magia, contorcionistas o tetas.
Una vedette no tenía por qué ser bonita, de hecho no solían serlo. Tampoco bastaban las tetas, las piernas o el culo. Tenía que bailar, cantar, actuar y poder dar su inteligente opinión sobre política o crítica literaria. Muy al contrario de las monotemáticas mal llamadas vedettes de hoy en día, que si cantan no bailan y que si se les admira mucho se meten, lamentablemente, por los derroteros del alcohol o las drogas. El trabajo de una vedette era ser vedette, ni más ni menos. Tenía que crear a su alrededor todo un entramando de admiración y protocolo de comunicación con el público, y un halo de misterio que le amparara del vulgo.
Había más cosas bonitas. Las vedettes mantenían matrimonios estables, parían (en medio de sus carreras) y criaban muchachos. Eso las hacía, aún más queridas.
Al mundo le hacen falta vedettes, sólo con el hecho de poner de moda nuevamente la voluptuosidad, ya estarían prestando un servicio a la salud pública. Es más, deberían trabajar para los ministerios de salud.
---
Nota del cartero: Durante la preparación de esta nota, me topé con una curiosidad docente: Un curso de español avanzado en Harvard, en el cual refuerzan ciertos conceptos gramaticales con canciones, cuentos, etc. Bueno, para memorizar la regla "Si + imperfecto del subjuntivo, + condicional" utilizan precisamente, La canción a la cual hago referencia en la nota. Es la penúltima en la sección de Canciones de este link
Ese día pasaban Ben y me delató un gritico de susto cuando comenzaron a aparecer un poco de ratas en la pantalla. Era una época en la cual la familia ejercía un especial cuidado por los menores, no les fumaban en la cara, por ejemplo, y les exigían que se taparan los ojos cuando venían las escenas con besos en la boca en la telenovelas. Eso siempre me intrigó. ¿Abuela, pero como es que no puedo ver algo que veo hacer a mi papá y a mi mamá todos los días? A lo que ella, con una simplicidad moral respondió: Porque tu papá y tu mamá son marido y mujer y los de la televisión lo hacen por vicio.
Pero ese criterio de protección tenía sus extrañas excepciones. Habían dos cosas que me dejaban ver, de hecho me conminaban a ello, con una argumentación taxativa: él es un varoncito. Una era la lucha libre, por la que realmente no terminé desarrollando ninguna predilección y la otra, las frecuentes presentaciones en la tele, los sábados por la tarde, de Iris Chacón. Una voluptuosa mujer en traje de baño, de culo y tetas enormes, ataviada con plumas y lentejuelas mareantes. Una vedette como se le llamaba. Cantaba una canción en la cual, de forma pícaro-sensual (a través de sus rimas) indicaba al espectador masculino lo que haría si su boquita fuera, correlativamente de: mayonesa, chocolate, limón verde, pan de azucar y arroz con ñame.
Era entretenida y a mi me gustaba verla, porque todos mis tios, mi papá y hasta mi abuelo la veíamos juntos. Estaba entre adultos y eso, al parecer, otorgaba un carácter adulto también a esa actividad. Pero echo de menos a las vedettes, no por aquellas sesiones testosterónicas solamente, sino por la esencia misma de aquel género del entretenimiento que fueron las revistas de variedades. Espectáculos en el que igual había cantantes, que cuerpos de vallet, números de magia, contorcionistas o tetas.
Una vedette no tenía por qué ser bonita, de hecho no solían serlo. Tampoco bastaban las tetas, las piernas o el culo. Tenía que bailar, cantar, actuar y poder dar su inteligente opinión sobre política o crítica literaria. Muy al contrario de las monotemáticas mal llamadas vedettes de hoy en día, que si cantan no bailan y que si se les admira mucho se meten, lamentablemente, por los derroteros del alcohol o las drogas. El trabajo de una vedette era ser vedette, ni más ni menos. Tenía que crear a su alrededor todo un entramando de admiración y protocolo de comunicación con el público, y un halo de misterio que le amparara del vulgo.
Había más cosas bonitas. Las vedettes mantenían matrimonios estables, parían (en medio de sus carreras) y criaban muchachos. Eso las hacía, aún más queridas.
Al mundo le hacen falta vedettes, sólo con el hecho de poner de moda nuevamente la voluptuosidad, ya estarían prestando un servicio a la salud pública. Es más, deberían trabajar para los ministerios de salud.
---
Nota del cartero: Durante la preparación de esta nota, me topé con una curiosidad docente: Un curso de español avanzado en Harvard, en el cual refuerzan ciertos conceptos gramaticales con canciones, cuentos, etc. Bueno, para memorizar la regla "Si + imperfecto del subjuntivo, + condicional" utilizan precisamente, La canción a la cual hago referencia en la nota. Es la penúltima en la sección de Canciones de este link
Adelanto de Expulsión
12.01.05 11:47:26 4790.0 m.
Inmigración, Injusticias
12.01.05 11:47:26 4790.0 m.
Inmigración, Injusticias
Cuando lo vi me pareció un poquito caro: Viajes sólo ida a: Ecuador, tres mil quinientos euros, a Senegal, como para una aventura africana, dos mil euros, un paseo por la mítica China, seis mil setecientos euros. ¿No será como mucho? pensé. Bueno, si lo vez bien no, porque te permitían dos acompañantes... armados. Dos efectivos de la Unidad de Intervención Policial, los encargados acompañar a los ilegales sobre los que se ejecuta una orden de expulsión.
El año pasado fueron ejecutadas doce mil quinientas expulsiones de inmigrantes ilegales. Sólo una pequeña parte del total de órdenes de expulsión que los jueces expiden cada año. Y es que expulsar es caro, en muchos casos sobrepasa el costo incurrido por el propio inmigrante para entrar ilegalmente a España. De hecho, funciona como un mecanismo de protección de la ilegalidad.
Pero a mi lo que me deja de dos piezas, es algo que pone de manifiesto las ironías del mercado. Pongamos por ejemplo a un ecuatoriano, que no es precisamente de los casos más sangrantes. Esta persona cuando se propone emigrar a España, se endeuda hasta los tuétanos con prestamistas (en el mejor de los escenarios, porque muchos recurren a las mafias) que le facilitan hasta cuatro mil euros para su traslado y establecimiento inicial, que este endeudado eterno deberá pagar religiosamente dejándose el pellejo, antes siquiera de pensar en enviar la primera remesa de dinero a la familia que deja en su país. Si lo ven con detenimiento, es la versión individual, del gran drama macroeconómico del tercer mundo.
Lo paradójico del caso, es que con esa misma cantidad, que no es precisamente un microcrédito, un hombre (por decir algo, porque la mayoría son mujeres) con el empuje suficiente como para salir de su país dejándolo todo, podría, no sé, iniciar un negocio familiar de algo, o aventurarse con cultivos de alguna vaina (disculpen, es que no estoy muy riguroso hoy.)
Pero hay extremos cotidianos, donde el riesgo es peculiarmente caro. Y son los emigrantes que, a diferencia de la mayoría, no llegan por avión, sino en improvisadas balsas, llamadas pateras, que las mafias de tráfico de humanos gestionan cual agencias de viajes. He leído en alguna parte costos de hasta cinco mil dólares por viaje, que muchas veces terminan en la muerte y cuyo servicio de a bordo está compuesto principalmente de terror, hambre y humillación. Trágico y triste. Con esa misma cantidad, una familia media primermundiana se pasa unas vacaciones a todo lujo en Cancún.
De repente no estaría de más crear una figura de cooperación internacional, la cual contemple alguna cuenta contable, llamada Adelanto de Expulsión.
Eso.
El año pasado fueron ejecutadas doce mil quinientas expulsiones de inmigrantes ilegales. Sólo una pequeña parte del total de órdenes de expulsión que los jueces expiden cada año. Y es que expulsar es caro, en muchos casos sobrepasa el costo incurrido por el propio inmigrante para entrar ilegalmente a España. De hecho, funciona como un mecanismo de protección de la ilegalidad.
Pero a mi lo que me deja de dos piezas, es algo que pone de manifiesto las ironías del mercado. Pongamos por ejemplo a un ecuatoriano, que no es precisamente de los casos más sangrantes. Esta persona cuando se propone emigrar a España, se endeuda hasta los tuétanos con prestamistas (en el mejor de los escenarios, porque muchos recurren a las mafias) que le facilitan hasta cuatro mil euros para su traslado y establecimiento inicial, que este endeudado eterno deberá pagar religiosamente dejándose el pellejo, antes siquiera de pensar en enviar la primera remesa de dinero a la familia que deja en su país. Si lo ven con detenimiento, es la versión individual, del gran drama macroeconómico del tercer mundo.
Lo paradójico del caso, es que con esa misma cantidad, que no es precisamente un microcrédito, un hombre (por decir algo, porque la mayoría son mujeres) con el empuje suficiente como para salir de su país dejándolo todo, podría, no sé, iniciar un negocio familiar de algo, o aventurarse con cultivos de alguna vaina (disculpen, es que no estoy muy riguroso hoy.)
Pero hay extremos cotidianos, donde el riesgo es peculiarmente caro. Y son los emigrantes que, a diferencia de la mayoría, no llegan por avión, sino en improvisadas balsas, llamadas pateras, que las mafias de tráfico de humanos gestionan cual agencias de viajes. He leído en alguna parte costos de hasta cinco mil dólares por viaje, que muchas veces terminan en la muerte y cuyo servicio de a bordo está compuesto principalmente de terror, hambre y humillación. Trágico y triste. Con esa misma cantidad, una familia media primermundiana se pasa unas vacaciones a todo lujo en Cancún.
De repente no estaría de más crear una figura de cooperación internacional, la cual contemple alguna cuenta contable, llamada Adelanto de Expulsión.
Eso.
Sufijos diminutivos
07.01.05 23:17:53 2470.0 m.
Bienestar
07.01.05 23:17:53 2470.0 m.
Bienestar
¿A que es curioso el uso que los latinoamericanos hacemos de los sufijos diminutivos? De hecho, es una cosa que nos homologa, nos hace de lo más peculiares al hablar, porque no los usamos sólo para dismunir sino también para maximizar. Cuando queremos indicar que algo es muy rápido, en lugar que tirar por el adjetivo superlativo, nos lanzamos con un rapidito o incluso, un veloz rapiditico, que es, como se ve, extremadamente breve. Lo mismo pasa, por ejemplo, con ligero, (aludiendo a brevedad o peso) que se convierte en ligerito.
Como tampoco somos muy propensos a los excesos léxicos, mitigamos las palabras de gran magnitud, con un sufijo diminutivo. Como para no agraviar, como para quitarle peso al asunto. Así, las cosas no están lejos, sino lejito, algo grande se atenúa en grandecito y lo vasto no es bastante, sino bastantico. Y que decir de las complicaciones, cuando son simplemente complicaditas.
Pero el mejor de los usos, es esa disminución elogiosa. Respetuosa, benevolente. Como cuando el nuevo novio de la nieta es educadito o la chica de recepción es formalita. Somos, si cabe, vanguardistas lingüísticos, porque a esas disminuciones tan positivas las podemos hacer crecer a punta de adjetivos superlativos: ¿Juan?, a mi me parece muy seriecito.
Y después dicen que en el caribe no somos polite.
---
Nota del cartero: Lo del uso irónico de los sufijos diminutivos, lo dejamos para otro día.
Como tampoco somos muy propensos a los excesos léxicos, mitigamos las palabras de gran magnitud, con un sufijo diminutivo. Como para no agraviar, como para quitarle peso al asunto. Así, las cosas no están lejos, sino lejito, algo grande se atenúa en grandecito y lo vasto no es bastante, sino bastantico. Y que decir de las complicaciones, cuando son simplemente complicaditas.
Pero el mejor de los usos, es esa disminución elogiosa. Respetuosa, benevolente. Como cuando el nuevo novio de la nieta es educadito o la chica de recepción es formalita. Somos, si cabe, vanguardistas lingüísticos, porque a esas disminuciones tan positivas las podemos hacer crecer a punta de adjetivos superlativos: ¿Juan?, a mi me parece muy seriecito.
Y después dicen que en el caribe no somos polite.
---
Nota del cartero: Lo del uso irónico de los sufijos diminutivos, lo dejamos para otro día.
Yo digo lo que veo
01.01.05 20:36:54 4130.0 m.
Bienestar
01.01.05 20:36:54 4130.0 m.
Bienestar
El verano pasado asomaba en la nota, Si Bolívar hubiese tenido email, la inminente necesidad de legislar sobre la privacidad post mortem. Sobre todo el en ámbito de la información electrónica. No lo hacía con un sentido premonitorio, ni de pitonizo digital, sino con ese aire distendido presente en la popular canción de finales de los sententa, interpretada por la ungida por Dios Billo’s Caracas Boys, en la cual un Brujo se escudaba ante sus clientes de las consencuencias de sus predicciones con grave gruñido: Yo digo lo que veo.
Hace unos días leí con sorpresa (no me lo esperaba tan pronto) esta noticia, en la cual la familia de un soldado estadounidense, muerto en noviembre pasado en la invasión de Irak, reclamaba al servicio de email de la compañía Yahoo, acceso a la cuenta del difunto. Es probable que situaciones similares se hayan presentado con anterioridad, incluso desde hace años, pero lo que marca la diferencia ahora, es que probablemente se planteará un juicio, y se sentará precedente sobre el asunto, poco más o menos con la intencionalidad que les comenté en aquella nota. Yahoo se niega a dar acceso a los familiares, basándose en el acuerdo de confidencialidad que enmarca la cuenta gratuita que poseía el muchacho, y que no es más que un acuerdo privado. Y la familia argumenta su derecho de acceso a la cuenta, con el mismo sentido y razonamiento de quien reclama acceso a la caja de zapatos de los recuerdos que solemos albergar secretamente, en algún lugar de nuestro habitación.
Vale la pena seguir la evolución de esta situación. Porque permitirá también introducir otros elementos importantes, como por ejemplo, la validez legal el anonimato que pulula sobre Internet. Pongamos por caso: cómo demostrar que soy el deudo del propietario de una cuenta de correo electrónico cuyos datos son ficticios.
De momento, según se infiere de la nota de prensa, muchas familias que pasan por situaciones similares recurren a cerrajeros digitales, para violar la seguridad de las cuentas y así acceder a la información allí contenida. Vamos, el viejo truco. Pero no debería ser la forma.
Me late que la privacidad post morten debería ser un derecho humano. Creo que seguimos siendo humanos, sólo por el hecho de haberlo sido.
Ergo.
- - -
Nota del Cartero: Feliz año nuevo queridos lectores.
Hace unos días leí con sorpresa (no me lo esperaba tan pronto) esta noticia, en la cual la familia de un soldado estadounidense, muerto en noviembre pasado en la invasión de Irak, reclamaba al servicio de email de la compañía Yahoo, acceso a la cuenta del difunto. Es probable que situaciones similares se hayan presentado con anterioridad, incluso desde hace años, pero lo que marca la diferencia ahora, es que probablemente se planteará un juicio, y se sentará precedente sobre el asunto, poco más o menos con la intencionalidad que les comenté en aquella nota. Yahoo se niega a dar acceso a los familiares, basándose en el acuerdo de confidencialidad que enmarca la cuenta gratuita que poseía el muchacho, y que no es más que un acuerdo privado. Y la familia argumenta su derecho de acceso a la cuenta, con el mismo sentido y razonamiento de quien reclama acceso a la caja de zapatos de los recuerdos que solemos albergar secretamente, en algún lugar de nuestro habitación.
Vale la pena seguir la evolución de esta situación. Porque permitirá también introducir otros elementos importantes, como por ejemplo, la validez legal el anonimato que pulula sobre Internet. Pongamos por caso: cómo demostrar que soy el deudo del propietario de una cuenta de correo electrónico cuyos datos son ficticios.
De momento, según se infiere de la nota de prensa, muchas familias que pasan por situaciones similares recurren a cerrajeros digitales, para violar la seguridad de las cuentas y así acceder a la información allí contenida. Vamos, el viejo truco. Pero no debería ser la forma.
Me late que la privacidad post morten debería ser un derecho humano. Creo que seguimos siendo humanos, sólo por el hecho de haberlo sido.
Ergo.
- - -
Nota del Cartero: Feliz año nuevo queridos lectores.


