Simulable
31.10.04 13:05:14 5740.0 m.
Reflexiones, Curiosidades, Nota Dominguera, Desahogo
31.10.04 13:05:14 5740.0 m.
Reflexiones, Curiosidades, Nota Dominguera, Desahogo
Qué difícil debe ser simular la evolución tecnológica. Luego de salir de la sala de proyección, me quedé pensando en esta idea. Acababa de ver The Matrix allá por el siglo pasado, y de entre las muchas externalidades que deben obviarse para meter la película en un tiempo menor al que nos toma quedarnos sin nalgas, la que más me intrigó fue la relacionada con la equiparación tecnológica, referente al hardware, de ambos bandos. Quiero decir: Cómo una sociedad humana librando una guerra de guerrillas contra las máquinas podían mantener la compleja producción de memoria, microprocesadores, servidores, pantallas planas y esas cosas, sin acceso a materias primas, laboratorios de investigación, universidades, empresas y todos esas excentricidades. Para complicar más aún la situación, no las podían comprar, como se hace hoy en día, porque en realidad no existían.
Por otra parte, me resultaba igual de interesante cómo The Matrix podía ser capaz de simular la evolución tecnológica, que como concepto es incluso ya difícil de predecir. Antes, era relativamente sencillo, porque la evolución tecnológica partía de necesidades de adaptación al entorno natural, pero ya se ha pasado por un punto en el cual somos nosotros los que nos vemos obligados a adaptarnos a un entorno modificado por la evolución de la tecnología.
La explicación que me di en ese entonces, fue que la guerra se llevaba a cabo a partir del hardware existente al comienzo de la misma y que sólo evolucionaría en la realidad virtual de la matriz, y no en la realidad de la guerra. El resto de la guerra se libraría a nivel de la evolución del software, explicación en la que se ha centrado en resto de la saga.
Las guerras humanas suelen ser plataformas para la evolución de la tecnología, pero entre humanos y máquinas las cosas puede que cambien. Qué necesidad puede tener un máquina de evolucionar para dominar, cuando la solución puede ser simplemente crecer o hacerse más compleja, por ejemplo. Aproximación distinta a la de los humanos, que evolucionan tecnológicamente por razones no necesariamente pragmáticas: curiosidad, vanidad, inconformidad, avaricia, orgullo, miedo, divertimento o casualidad.
En mi guerra particular contra el computador, el mando del DVD y el menú del celular (teléfono móvil) se aplican principios complementarios a la idea anterior. Me ganan siempre creándome necesidades que antes no existían o presentando ideas sencillas de forma compleja. Así, me ponen cuesta arriba la adaptación al medio que ellos han modificado, limitando además a las nuevas generaciones de humanos, la cantera de donde podemos obtener combatientes calificados.
Si la evolución tecnológica llega algún día a ser simulable, probablemente lo sea tomando como referencia un conjunto de patrones predecibles, que curiosamente podemos aportar los humanos, que somos los usuarios. Tal vez, sería así como se hacía en The Matrix.
Cosa rara.
Nota del Cartero: Todo esto se ha escrito hoy, porque he caído en cuenta que cinco años después, sigo sin encontrar los teclados de los ordenadores que usaban los humanos. Algo así como teclados de laptop para desktop. Si alguien los ve, por favor, tanga la bondad de avisarme.
Por otra parte, me resultaba igual de interesante cómo The Matrix podía ser capaz de simular la evolución tecnológica, que como concepto es incluso ya difícil de predecir. Antes, era relativamente sencillo, porque la evolución tecnológica partía de necesidades de adaptación al entorno natural, pero ya se ha pasado por un punto en el cual somos nosotros los que nos vemos obligados a adaptarnos a un entorno modificado por la evolución de la tecnología.
La explicación que me di en ese entonces, fue que la guerra se llevaba a cabo a partir del hardware existente al comienzo de la misma y que sólo evolucionaría en la realidad virtual de la matriz, y no en la realidad de la guerra. El resto de la guerra se libraría a nivel de la evolución del software, explicación en la que se ha centrado en resto de la saga.
Las guerras humanas suelen ser plataformas para la evolución de la tecnología, pero entre humanos y máquinas las cosas puede que cambien. Qué necesidad puede tener un máquina de evolucionar para dominar, cuando la solución puede ser simplemente crecer o hacerse más compleja, por ejemplo. Aproximación distinta a la de los humanos, que evolucionan tecnológicamente por razones no necesariamente pragmáticas: curiosidad, vanidad, inconformidad, avaricia, orgullo, miedo, divertimento o casualidad.
En mi guerra particular contra el computador, el mando del DVD y el menú del celular (teléfono móvil) se aplican principios complementarios a la idea anterior. Me ganan siempre creándome necesidades que antes no existían o presentando ideas sencillas de forma compleja. Así, me ponen cuesta arriba la adaptación al medio que ellos han modificado, limitando además a las nuevas generaciones de humanos, la cantera de donde podemos obtener combatientes calificados.
Si la evolución tecnológica llega algún día a ser simulable, probablemente lo sea tomando como referencia un conjunto de patrones predecibles, que curiosamente podemos aportar los humanos, que somos los usuarios. Tal vez, sería así como se hacía en The Matrix.
Cosa rara.
Nota del Cartero: Todo esto se ha escrito hoy, porque he caído en cuenta que cinco años después, sigo sin encontrar los teclados de los ordenadores que usaban los humanos. Algo así como teclados de laptop para desktop. Si alguien los ve, por favor, tanga la bondad de avisarme.
Towns History
26.10.04 22:58:40 6400.0 m.
Bienestar
26.10.04 22:58:40 6400.0 m.
Bienestar
Vivo en un pueblo de probeta, diseñado en laboratorio. Ha venido al mundo desde esos amplios mesones de delineantes de tinta china y lamparitas articuladas con tubito de neón. No existe una calle (nombre incluido), plaza, acera, poste, escuela o jardín, que no haya sido concebido de antemano y escrupulosamente dibujado en papel por los urbanistas, siquiera antes de poner la primera piedra. De hecho, para su construcción se creó una sociedad anónima, una compañía que lleva el nombre del pueblo, y las S.A. de sufijo. Lo de pueblo ya se lo digo de cariño, es más bien una ciudad pequeña, porque ya tiene poco más de cuarenta mil habitantes y la contaminación sónica lo corrobora.
Cuando lo visité por primera vez, parecía otro país. Echaba en falta las señales típicas de los pueblos españoles, como las que indican la dirección hacía el casco histórico. Nada de calles estrechas y esa heterogeneidad en las fachadas de las casas, que dejan ver el paso de las costumbres ornamentales. Aquí todo resulta muy armónico, muy hecho a la vez. Lo de otro país va en serio. Todas sus estadísticas son un poco opuestas a la tendencia nacional. Por ejemplo, la pirámide poblacional es ancha en la base y estrecha en la punta, he oído alguna vez, que es el municipio europeo con la tasa más alta de natalidad. Los ancianos son muy escasos y la penetración de Internet es cercana al cien por ciento. Las direcciones se dan nombrando sectores y no por calles y en fin, que parece hecho con SimCity 3000, ya que cuenta con su parque tecnológico y su propia zona industrial.
Pero a mí lo que me resultó curioso, fue que este pueblo que, al contrario nuevamente de lo normal, me eligió a mí para que viviera en él... ya va. Esperen. Esto último no es más que un eufemismo de consolación para decir que, vivo aquí, porque fue el único sitio donde encontré a un humano que me alquilara su propiedad, a pesar del estigma de ser, este humilde servidor, un extranjero del tercer mundo. Bueno, decía que lo curioso, es que iba a vivir en un pueblo sin historia, (en el sentido clásico con el que usamos ese término para los pueblos) ajeno a fundadores ecuestres o a colonos pioneros desterrados.
Le di vueltas a esta cuestión por unos días, porque aún no había comprado el televisor, y el único sonido en todo el apartamento, era el monótono y nada estereofónico motor de la nevera, complementado de vez en cuando por el escándalo de la poceta. Donde por cierto la tecnología no avanza.
Pero al cabo de la reflexión, caí en cuenta de que, para efectos prácticos, casi todos los humanos vivimos en pueblos sin historia. Mejor: que no somos conscientes de ella, que no podemos contarla y que nuestra memoria colectiva, se limita a comentar con ademán anecdótico, una vez que construyen un nuevo centro comercial o un parque, ¿te acuerdas que eso era antes una peladero de chivos?
Incluso aquellos pueblos que celebran o conmemoran sus tradiciones, lo hacen desde la perspectiva festiva, porque el significado histórico de cualquier acontecimiento que ya no afecte la cotidianidad, se diluye precisamente en ella. No importa si vives en uno que se formó caóticamente o se planificó de antemano, la vida de los pueblos se alimenta principalmente del presente, y para la mayoría de sus habitantes, la historia local, no va más allá en significado, de su particular experiencia de vida, en ese invento humano que llamamos ciudad.
Cuando lo visité por primera vez, parecía otro país. Echaba en falta las señales típicas de los pueblos españoles, como las que indican la dirección hacía el casco histórico. Nada de calles estrechas y esa heterogeneidad en las fachadas de las casas, que dejan ver el paso de las costumbres ornamentales. Aquí todo resulta muy armónico, muy hecho a la vez. Lo de otro país va en serio. Todas sus estadísticas son un poco opuestas a la tendencia nacional. Por ejemplo, la pirámide poblacional es ancha en la base y estrecha en la punta, he oído alguna vez, que es el municipio europeo con la tasa más alta de natalidad. Los ancianos son muy escasos y la penetración de Internet es cercana al cien por ciento. Las direcciones se dan nombrando sectores y no por calles y en fin, que parece hecho con SimCity 3000, ya que cuenta con su parque tecnológico y su propia zona industrial.
Pero a mí lo que me resultó curioso, fue que este pueblo que, al contrario nuevamente de lo normal, me eligió a mí para que viviera en él... ya va. Esperen. Esto último no es más que un eufemismo de consolación para decir que, vivo aquí, porque fue el único sitio donde encontré a un humano que me alquilara su propiedad, a pesar del estigma de ser, este humilde servidor, un extranjero del tercer mundo. Bueno, decía que lo curioso, es que iba a vivir en un pueblo sin historia, (en el sentido clásico con el que usamos ese término para los pueblos) ajeno a fundadores ecuestres o a colonos pioneros desterrados.
Le di vueltas a esta cuestión por unos días, porque aún no había comprado el televisor, y el único sonido en todo el apartamento, era el monótono y nada estereofónico motor de la nevera, complementado de vez en cuando por el escándalo de la poceta. Donde por cierto la tecnología no avanza.
Pero al cabo de la reflexión, caí en cuenta de que, para efectos prácticos, casi todos los humanos vivimos en pueblos sin historia. Mejor: que no somos conscientes de ella, que no podemos contarla y que nuestra memoria colectiva, se limita a comentar con ademán anecdótico, una vez que construyen un nuevo centro comercial o un parque, ¿te acuerdas que eso era antes una peladero de chivos?
Incluso aquellos pueblos que celebran o conmemoran sus tradiciones, lo hacen desde la perspectiva festiva, porque el significado histórico de cualquier acontecimiento que ya no afecte la cotidianidad, se diluye precisamente en ella. No importa si vives en uno que se formó caóticamente o se planificó de antemano, la vida de los pueblos se alimenta principalmente del presente, y para la mayoría de sus habitantes, la historia local, no va más allá en significado, de su particular experiencia de vida, en ese invento humano que llamamos ciudad.
Thanks again.
24.10.04 21:27:43 2070.0 m.
Nota Dominguera
Pido la venia a mis lectores para escribir desde el lado oscuro del fanatismo: Fernando Alonso es un Monstruo. Un pilóto magnífico y uno de esos muchachos que le ponen sabor a la Fórmula Uno.
Ya el año pasado le daba las gracias, y pues hoy, luego de la última carrera de la temporada se hace menester volverlo a hacer. Su actuación lo ha dejado este año en el cuarto puesto del mundial y su calidad, lo ha llevado a protagonizar memorables episodios. El más excelso, sublime y hermoso fue la salida en el mítico (prefijo obligado) circuito de Indianápolis.
La Fórmula Uno es como un circo, que cada quince días se presenta en un país distinto. Es ese espíritu, combinado con el delicado equilibrio de la tecnología y la estrategia, lo que hacen que sea uno de mis espetáculos (que mi compadre dice que no es deporte) favoritos.
Pues hasta el seís de marzo del año que viene: Que la falta de grandes premios en invierno - que me pongo cursi - es otra de esas características que le dan a esa estación, su aire tan desolador. ¡Oh!
Ya.
24.10.04 21:27:43 2070.0 m.
Nota Dominguera

Ya el año pasado le daba las gracias, y pues hoy, luego de la última carrera de la temporada se hace menester volverlo a hacer. Su actuación lo ha dejado este año en el cuarto puesto del mundial y su calidad, lo ha llevado a protagonizar memorables episodios. El más excelso, sublime y hermoso fue la salida en el mítico (prefijo obligado) circuito de Indianápolis.
La Fórmula Uno es como un circo, que cada quince días se presenta en un país distinto. Es ese espíritu, combinado con el delicado equilibrio de la tecnología y la estrategia, lo que hacen que sea uno de mis espetáculos (que mi compadre dice que no es deporte) favoritos.
Pues hasta el seís de marzo del año que viene: Que la falta de grandes premios en invierno - que me pongo cursi - es otra de esas características que le dan a esa estación, su aire tan desolador. ¡Oh!
Ya.
Convivencia.
20.10.04 00:01:40 6470.0 m.
Reflexiones, Inmigración
20.10.04 00:01:40 6470.0 m.
Reflexiones, Inmigración
Creo haber comentado alguna vez, la existencia de un modelo de prensa sucinta y gratuita, muy en boga en las grandes capitales europeas. La idea es regalar a la entrada de las estaciones de tren y metro un periódico de unas treinta páginas, que vive de la publicidad. La información es eminentemente local y redactada para ser leída en el tiempo medio de los trayectos al trabajo. En Madrid hay dos, a mi me gusta uno llamado 20 minutos y mi sección favorita es Zona 20, donde se publican las cartas de los lectores. Me resulta una excelente fuente para estudios sociológicos.
A veces se forman unos debates la mar de interesantes, con temas que van y vienen, como en oleadas. Incluso, en alguna ocasión he salido más temprano de casa para no quedarme sin periódico y leer las respuestas a alguna carta del día anterior. Hoy se ha publicado una, que ha hecho que reoriente la nota que tenía redactada, porque ejemplifica más claramente el tema que quería tratar.
Me he topado montones de veces con casos como estos, donde claros problemas (o desastres) de convivencia, derivan en actitudes racistas y xenófobas, o llegan a ser interpretadas como tales. Con graves consecuencias, porque como saben, éstas tienden a la generalización.
Por otra parte, socialmente no está bien visto criticar actitudes como lo hace el señor de la carta. Por ejemplo, hace dos años, se promulgó una ley en Madrid que prohibió a los jóvenes madrileños realizar unas reuniones muy de moda (conocidas como botellones) en espacios públicos -que aderezaban con vino con Cocacola, hachís o mariguana - porque, además del ruido, dejaban todo como estercoleros. Esta misma ley podría ser aplicada a los emigrantes en los parques, pero no se hace, porque ya saben, puede ser interpretada como una actitud racista o xenófoba.
España no tiene experiencia como país receptor. Está pasando ahora, por lo que han pasado otros países Europeos. Creo que los sociólogos deberían ponerse a trabajar para diseñar programas de integración a fin de disminuir, en lo posible, el impacto de los problemas de convivencia. (que siempre los habrá) Sobre todos los derivados de la generalización.
El respeto a las normas del país receptor es una de las primeras, de un hipotético manual del buen inmigrante. Al menos esencial para luego pedir que respeten las tuyas, siempre y cuando éstas no violen la ley. Es curioso, en mi pueblo, no hace más de cinco años, por episodios como los narrados o menores, te aplicaban una ley con título muy descriptivo: La de vagos y maleantes.
Dilatar la atención de estos detalles, es exponerse a males peores. Es bosquejar verdaderos episodios colectivos de racismo, intolerancia y xenofobia en el corto plazo.
Nota del Cartero: Notifico que la cita que realizo en esta nota, se hace de acuerdo a la siguiente licencia de uso ortorgada por 20 minutos.
A veces se forman unos debates la mar de interesantes, con temas que van y vienen, como en oleadas. Incluso, en alguna ocasión he salido más temprano de casa para no quedarme sin periódico y leer las respuestas a alguna carta del día anterior. Hoy se ha publicado una, que ha hecho que reoriente la nota que tenía redactada, porque ejemplifica más claramente el tema que quería tratar.
Sí, soy racista
Lo reconozco: soy “racista”, “xenófobo” e “intolerante”.
Soy “racista” por haberme enfrentado a mis vecinos suramericanos que todos los fines de semana montaban fiestas hasta altas horas de la madrugada sin ningún respeto al resto de los vecinos y llegando incluso a orinarse en las escaleras.
Soy “xenófobo” por denunciar en la Junta Municipal de Usera a un grupo vandálico de suramericanos que han destrozado, de forma reiterada, el parque infantil de la calle José Bielsa, dejando a los niños sin columpios.
Soy “intolerante” porque no soporto ver la Casa de Campo, el Retiro, el Parque Olof Palme... convertidos en inmundos estercoleros tras las multitudinarias reuniones de suramericanos que allí se celebran.
Soy, en definitiva, un mal ejemplo. Ernesto José Pastor Martín | 38 años.
Me he topado montones de veces con casos como estos, donde claros problemas (o desastres) de convivencia, derivan en actitudes racistas y xenófobas, o llegan a ser interpretadas como tales. Con graves consecuencias, porque como saben, éstas tienden a la generalización.
Por otra parte, socialmente no está bien visto criticar actitudes como lo hace el señor de la carta. Por ejemplo, hace dos años, se promulgó una ley en Madrid que prohibió a los jóvenes madrileños realizar unas reuniones muy de moda (conocidas como botellones) en espacios públicos -que aderezaban con vino con Cocacola, hachís o mariguana - porque, además del ruido, dejaban todo como estercoleros. Esta misma ley podría ser aplicada a los emigrantes en los parques, pero no se hace, porque ya saben, puede ser interpretada como una actitud racista o xenófoba.
España no tiene experiencia como país receptor. Está pasando ahora, por lo que han pasado otros países Europeos. Creo que los sociólogos deberían ponerse a trabajar para diseñar programas de integración a fin de disminuir, en lo posible, el impacto de los problemas de convivencia. (que siempre los habrá) Sobre todos los derivados de la generalización.
El respeto a las normas del país receptor es una de las primeras, de un hipotético manual del buen inmigrante. Al menos esencial para luego pedir que respeten las tuyas, siempre y cuando éstas no violen la ley. Es curioso, en mi pueblo, no hace más de cinco años, por episodios como los narrados o menores, te aplicaban una ley con título muy descriptivo: La de vagos y maleantes.
Dilatar la atención de estos detalles, es exponerse a males peores. Es bosquejar verdaderos episodios colectivos de racismo, intolerancia y xenofobia en el corto plazo.
Nota del Cartero: Notifico que la cita que realizo en esta nota, se hace de acuerdo a la siguiente licencia de uso ortorgada por 20 minutos.
Dependencia Tecnológica
17.10.04 21:50:12 6720.0 m.
Reflexiones, Nota Dominguera
Tal vez se tratase de un desliz del redactor de la noticia: El titular hacía un suspicaz uso de la palabra tecnología para referirse a unos artilugios que permitirían reducir el índice de enfermedades respiratorias y oculares, entre las cocineras y los escolares de una escuela rural guatemalteca. La curiosidad por el uso de la palabra tecnología en el titular, me invitó a seguir atento al desarrollo del reportaje, además, obviamente, del reposo para el alma que significa oír una buena noticia.
La buena nueva iba de una ONG española que estaba instalando unas modernas cocinas que evitaban la emisión de humo. Porque resulta que en las zonas rurales - principalmente indígenas - de Centroamérica la mayoría de las cocinas son de leña a fuego abierto. Algo así como las tres piedras, la leña y la ollita con que se hacen los sancochos, un domingo de río.
Mi sorpresa llegó cuando puede ver las imágenes y reconocí la tecnología, europea por cierto, patentada por el británico John Sibthrope ¡allá por 1630!. Se trataba de una cocina, también a leña, pero con chimenea, que evita la emisión de humo. La típica cocina colonial, que aún subsiste en muchos parajes turísticos europeos y en pueblos de los andes suramericanos, a los que llegaron llevadas por los colonizadores.
Hay dos cosas innegables en la noticia. Por un lado, si que se trataba de una tecnología y por otro, que en efecto representaba una mejora en la calidad de vida de las sacrificadas cocineras, que ya no pasarían hasta seis horas diarias expuestas al humo de la leña. Pero lo que me resultó dramático fue el ejemplo extremo de dependencia tecnológica, que también me dejó pensando sobre las razones que obstaculizan el desarrollo tecnológico de una sociedad; en este caso, la de las zonas rurales de Guatemala. Contimás en aspectos tan cotidianos como la cocina. Sucintamente: qué hizo que a los ingleses les molestara el humo de la leña al cocinar y actuaran en consecuencia, y los Centroamericanos no. Qué ha hecho que una sociedad que antes de la llegada de los españoles, había parido hijos que idearon calendarios solares perfectos, no haya dado, en quinientos años, con un John Sibthrope local, que les salvara del molesto humo de las cocinas. (O al menos copiárselo.)
De momento no lo sé, sigo pensándolo. Lo que si tengo claro, es que ejemplos como estos, permanecen ocultos por la cotidianidad. Montones de inventos que el tercer mundo puede usar y mejorar y por el que no tendría que pagar royalties a nadie. Y que por otro lado, representaría saltos de gigante en la calidad de vida de depauperados pueblos, que ni siquiera conocen el término.
La dependencia tecnológica no se reduce sustituyendo la técnica invasora por lo autóctono, como aspiran algunos nacionalistas trasnochados, sino dominándola y mejorándola. Y éste no es precisamente el camino que se recorre en el tercer mundo.
Para nuestros pueblos, la independencia entendida como autodeterminación con autosuficiencia es una utopía. No hay casi nada a nuestro alrededor que seamos capaces de producir económica y competitivamente, por nosotros mismos. Por hacer, no hacemos ni condones. A lo que sí podemos aspirar, es a la interdependencia, propiciada por el dominio y el aprovechamiento de la tecnología ajena. A ver, que no voy secundando a Unamuno con aquello de que inventen ellos, sino propiciando la innovación por dominio previo.
Además de ésta, me daría un fresquito enterarme de la incorporación de tecnología en el ámbito educativo, que permita dejar saber a los niños del tercer mundo, cómo se lee, como se suma, se saca una regla de tres, o se cultiva más productivamente la tierra. De allí en adelante, ellos se buscan la vida.
17.10.04 21:50:12 6720.0 m.
Reflexiones, Nota Dominguera
La buena nueva iba de una ONG española que estaba instalando unas modernas cocinas que evitaban la emisión de humo. Porque resulta que en las zonas rurales - principalmente indígenas - de Centroamérica la mayoría de las cocinas son de leña a fuego abierto. Algo así como las tres piedras, la leña y la ollita con que se hacen los sancochos, un domingo de río.
Mi sorpresa llegó cuando puede ver las imágenes y reconocí la tecnología, europea por cierto, patentada por el británico John Sibthrope ¡allá por 1630!. Se trataba de una cocina, también a leña, pero con chimenea, que evita la emisión de humo. La típica cocina colonial, que aún subsiste en muchos parajes turísticos europeos y en pueblos de los andes suramericanos, a los que llegaron llevadas por los colonizadores.
Hay dos cosas innegables en la noticia. Por un lado, si que se trataba de una tecnología y por otro, que en efecto representaba una mejora en la calidad de vida de las sacrificadas cocineras, que ya no pasarían hasta seis horas diarias expuestas al humo de la leña. Pero lo que me resultó dramático fue el ejemplo extremo de dependencia tecnológica, que también me dejó pensando sobre las razones que obstaculizan el desarrollo tecnológico de una sociedad; en este caso, la de las zonas rurales de Guatemala. Contimás en aspectos tan cotidianos como la cocina. Sucintamente: qué hizo que a los ingleses les molestara el humo de la leña al cocinar y actuaran en consecuencia, y los Centroamericanos no. Qué ha hecho que una sociedad que antes de la llegada de los españoles, había parido hijos que idearon calendarios solares perfectos, no haya dado, en quinientos años, con un John Sibthrope local, que les salvara del molesto humo de las cocinas. (O al menos copiárselo.)
De momento no lo sé, sigo pensándolo. Lo que si tengo claro, es que ejemplos como estos, permanecen ocultos por la cotidianidad. Montones de inventos que el tercer mundo puede usar y mejorar y por el que no tendría que pagar royalties a nadie. Y que por otro lado, representaría saltos de gigante en la calidad de vida de depauperados pueblos, que ni siquiera conocen el término.
La dependencia tecnológica no se reduce sustituyendo la técnica invasora por lo autóctono, como aspiran algunos nacionalistas trasnochados, sino dominándola y mejorándola. Y éste no es precisamente el camino que se recorre en el tercer mundo.
Para nuestros pueblos, la independencia entendida como autodeterminación con autosuficiencia es una utopía. No hay casi nada a nuestro alrededor que seamos capaces de producir económica y competitivamente, por nosotros mismos. Por hacer, no hacemos ni condones. A lo que sí podemos aspirar, es a la interdependencia, propiciada por el dominio y el aprovechamiento de la tecnología ajena. A ver, que no voy secundando a Unamuno con aquello de que inventen ellos, sino propiciando la innovación por dominio previo.
Además de ésta, me daría un fresquito enterarme de la incorporación de tecnología en el ámbito educativo, que permita dejar saber a los niños del tercer mundo, cómo se lee, como se suma, se saca una regla de tres, o se cultiva más productivamente la tierra. De allí en adelante, ellos se buscan la vida.
Vientre de Alquiler
11.10.04 15:18:00 6030.0 m.
Reflexiones, Perogrulladas
Un negro literario es una persona -no necesariamente negra- que escribe para otros, como una forma de ganarse la vida y usualmente sin recibir crédito alguno. Suelen ser los verdaderos autores detrás de los best seller de personas famosas, que publican, por ejemplo, voluminosas y controvertidas biografías, con una calidad medianamente aceptable. La existencia del negro literario explica cómo alguien, que a lo largo de mil páginas jamás menciona haber leído un libro, sea capaz de publicar uno.
También hay negros literarios detrás de muchas de esas novelas en cuyas portadas el nombre del autor eclipsa el de la propia obra. Vamos, que va más grande. Su huella narrativa, se deja ver asimismo en el papel de los discursos de los políticos, para quienes inventan frases gloriosas o malabares eufemísticos como ese de conflicto armado en lugar de simplemente guerra.
Incluso se pueden encontrar (en sentido figurado) negros literarios trabajando a las órdenes de verdaderos escritores consagrados, a quienes la carpintería de escribir ya les produce agobio. Recuerdo de hace unos años, una serie de acontecimientos que juntos venían a ser algo así como la rebelión de los negros. Sobre todo aquellos que trabajaban para escritores famosos que comenzaron a publicar sus propias historias (como negros literarios) y a putearle la vida a más de uno.
Sobre muchos escritores, de éxito principalmente, suele rondar la sombra de la esclavitud literaria. Hay quienes sostienen, por ejemplo, que Shakespeare no era más que un negrero, aunque todo sea dicho, sin aportar pruebas contundentes. Sin embargo, otros se han esmerado en sus investigaciones hasta dar por probado que ciertos personajes se limitaban a firmar lo que otros escribían. Este es el caso del famoso dramaturgo español Gregorio Martínez Sierra cuyos mayores éxitos fueron escritos para él por María de la O Lajárraga. El caso es extremo, porque resulta ser que María de la O, era su mujer.
Este fenómeno no es exclusivo del papel. Detrás de algunas bitácoras de Internet mantenidas por personajes famosos, se encuentra también una figura en la sombra, que trata de darle ese aire desenfadado, intimista e informal, que dicen por allí, es propio de los blogs.
De todo este asunto, siempre me surge un conjunto de preguntas del tipo que se muerden la cola; y que te vas repitiendo para matar el tiempo mientras esperas el tren o el autobús, o en la fila de la caja del supermercado: ¿Son los negros literarios escritores? Que será mejor, ¿ser un negro literario, que cobra independientemente del éxito de la obra, o un escritor que firma con su nombre absolutos fracasos?
Me resulta especialmente interesante lo que pasa en el proceso de creación, porque, en el caso de no considerar sus creaciones como propias, o no poder hacerlo por limitaciones de contrato, eso de esmerarse, corregir, llevarse la idea al baño, enamorarse de los personajes y llorar con la muerte de alguno, en fin, todas esas cosas que los escritores cuentan que les pasa, convierte (me digo) a estos escribidores en la sombra, en poco más o menos la versión literaria, de los cada vez más populares vientres de alquiler.
Porsia. A veces hay cosas como ésta, que se escriben solas y que sólo me limito a firmar.
Nota del cartero: Los anglosajones hacen uso del término ghostwriter para designar lo que en españa e hispanoamérica llaman negro literario. Pero ná. que es lo mismo.
11.10.04 15:18:00 6030.0 m.
Reflexiones, Perogrulladas

También hay negros literarios detrás de muchas de esas novelas en cuyas portadas el nombre del autor eclipsa el de la propia obra. Vamos, que va más grande. Su huella narrativa, se deja ver asimismo en el papel de los discursos de los políticos, para quienes inventan frases gloriosas o malabares eufemísticos como ese de conflicto armado en lugar de simplemente guerra.
Incluso se pueden encontrar (en sentido figurado) negros literarios trabajando a las órdenes de verdaderos escritores consagrados, a quienes la carpintería de escribir ya les produce agobio. Recuerdo de hace unos años, una serie de acontecimientos que juntos venían a ser algo así como la rebelión de los negros. Sobre todo aquellos que trabajaban para escritores famosos que comenzaron a publicar sus propias historias (como negros literarios) y a putearle la vida a más de uno.
Sobre muchos escritores, de éxito principalmente, suele rondar la sombra de la esclavitud literaria. Hay quienes sostienen, por ejemplo, que Shakespeare no era más que un negrero, aunque todo sea dicho, sin aportar pruebas contundentes. Sin embargo, otros se han esmerado en sus investigaciones hasta dar por probado que ciertos personajes se limitaban a firmar lo que otros escribían. Este es el caso del famoso dramaturgo español Gregorio Martínez Sierra cuyos mayores éxitos fueron escritos para él por María de la O Lajárraga. El caso es extremo, porque resulta ser que María de la O, era su mujer.
Este fenómeno no es exclusivo del papel. Detrás de algunas bitácoras de Internet mantenidas por personajes famosos, se encuentra también una figura en la sombra, que trata de darle ese aire desenfadado, intimista e informal, que dicen por allí, es propio de los blogs.
De todo este asunto, siempre me surge un conjunto de preguntas del tipo que se muerden la cola; y que te vas repitiendo para matar el tiempo mientras esperas el tren o el autobús, o en la fila de la caja del supermercado: ¿Son los negros literarios escritores? Que será mejor, ¿ser un negro literario, que cobra independientemente del éxito de la obra, o un escritor que firma con su nombre absolutos fracasos?
Me resulta especialmente interesante lo que pasa en el proceso de creación, porque, en el caso de no considerar sus creaciones como propias, o no poder hacerlo por limitaciones de contrato, eso de esmerarse, corregir, llevarse la idea al baño, enamorarse de los personajes y llorar con la muerte de alguno, en fin, todas esas cosas que los escritores cuentan que les pasa, convierte (me digo) a estos escribidores en la sombra, en poco más o menos la versión literaria, de los cada vez más populares vientres de alquiler.
Porsia. A veces hay cosas como ésta, que se escriben solas y que sólo me limito a firmar.
Nota del cartero: Los anglosajones hacen uso del término ghostwriter para designar lo que en españa e hispanoamérica llaman negro literario. Pero ná. que es lo mismo.
El aviso
05.10.04 17:42:24 6560.0 m.
Nota Dominguera
Se trataba de una puerta antigua, de esas que a fuerza de permanecer abiertas sólo cierran con maña. Así que apuró hasta el último tramo del cierre para dar las gracias, dio el jaloncito final al picaporte y escuchó el clap del pestillo. Apolinar respiró tranquilo. Las pesadillas del fin de semana anterior le parecían ahora de una ridiculez infantil, como predijo su mujer. Lo que no le dejaba dormir, era un aviso de corte inmediato del suministro eléctrico de su carnicería, pero acababa de llegar a un acuerdo de pago con la directora de la oficina de la eléctrica. Ésta le indicó que el aviso quedaba sin efecto y que lo que se buscaba era presionar para que los morosos se pusiesen al día.
Las dependencias de la empresa eléctrica eran en esa época diáfanas y permisivas. De tan conocidas y familiares, la gente solía andar por ellas como por casa. Es difícil imaginar, que de aquella casona colonial de aspecto rotundo y zaguán de pasos perdidos, no queden más que fotos de prensa en blanco y negro.
Después del aviso, Apolinar tuvo tres pesadillas -una por noche- con un denominador común que hacía las veces de despertador: La amenaza que dejaba caer sobre la humanidad de la directora de la oficina: Si me cortas la luz, te abrazo.
En el trayecto de la eléctrica a la carnicería sólo había tres bares y dos farmacias. Apolinar lo hizo andando, por lo del colesterol y para apasiguar los nervios, aunque con un cigarro en la boca por aquello del equilibrio. Cuando llegó al negocio, algunos clientes le reclamaron el retrazo: Ya voy, ya voy. Es que andaba pa’ la eléctrica, los muy ladrones me querían cortar la luz. Con la ayuda de un espontáneo, terminó de alzar la Santamaría, y se quedó con las manos arriba, como si fuese un atraco, cuando no escuchó el estruendo de los compresores de las cavas y frigoríficos. Todo lo enchufable estaba muerto y hasta el bombillo del baño, que dejaba encendido por la noche, más por cábala que por necesidad, estaba dormido.
Lo único en lo que todos los testigos coinciden, es en el tratamiento que dio Apolinar a la directora de la eléctrica: Puta embustera. De allí en adelante, todos aportan variaciones sobre la intensidad de su ira y los eventuales cambios en el color en sus ojos. Algunos incluso aseguran haber visto cachitos brotar de la frente de Apolinar y oirle hablar en lenguas extrañas a medida que convulsionaba en el piso. Lo cierto es que fue a la trastienda y salió con un frasquito en la mano. Nadie recuerda que Apolinar haya dado descanso a su indignación, mientras, con pasos largos y determinados, hacía el camino de vuelta a la eléctrica.
Pasó el zaguán con el cigarro a medias, entró en la oficina de la directora, cerró la puerta y le increpó. Te lo dije el viernes, el sábado y el domingo, que si me cortabas la luz, te abrazaba. Y yo lo que digo lo cumplo, aunque lo diga en sueños. La mujer no reaccionó a tiempo. En un instante sin escapatoria, le vio poner el cigarro en la esquina del escritorio, regarse el contenido del frasquito con un ademán de fragancia masculina, y flamear sus dedos cuando fue a coger de nuevo el cigarro. Lo demás fue un incendio escandaloso, la casona ardió hasta desaparecer.
El análisis forense de los cuerpos carbonizados, dejó constancia de la determinación de Apolinar. No soltó a la directora ni después de perder la conciencia por el dolor de las quemaduras. La mató de un abrazo, por un corte de luz.
Nota del Cartero: Basado en hechos reales.
05.10.04 17:42:24 6560.0 m.
Nota Dominguera

Las dependencias de la empresa eléctrica eran en esa época diáfanas y permisivas. De tan conocidas y familiares, la gente solía andar por ellas como por casa. Es difícil imaginar, que de aquella casona colonial de aspecto rotundo y zaguán de pasos perdidos, no queden más que fotos de prensa en blanco y negro.
Después del aviso, Apolinar tuvo tres pesadillas -una por noche- con un denominador común que hacía las veces de despertador: La amenaza que dejaba caer sobre la humanidad de la directora de la oficina: Si me cortas la luz, te abrazo.
En el trayecto de la eléctrica a la carnicería sólo había tres bares y dos farmacias. Apolinar lo hizo andando, por lo del colesterol y para apasiguar los nervios, aunque con un cigarro en la boca por aquello del equilibrio. Cuando llegó al negocio, algunos clientes le reclamaron el retrazo: Ya voy, ya voy. Es que andaba pa’ la eléctrica, los muy ladrones me querían cortar la luz. Con la ayuda de un espontáneo, terminó de alzar la Santamaría, y se quedó con las manos arriba, como si fuese un atraco, cuando no escuchó el estruendo de los compresores de las cavas y frigoríficos. Todo lo enchufable estaba muerto y hasta el bombillo del baño, que dejaba encendido por la noche, más por cábala que por necesidad, estaba dormido.
Lo único en lo que todos los testigos coinciden, es en el tratamiento que dio Apolinar a la directora de la eléctrica: Puta embustera. De allí en adelante, todos aportan variaciones sobre la intensidad de su ira y los eventuales cambios en el color en sus ojos. Algunos incluso aseguran haber visto cachitos brotar de la frente de Apolinar y oirle hablar en lenguas extrañas a medida que convulsionaba en el piso. Lo cierto es que fue a la trastienda y salió con un frasquito en la mano. Nadie recuerda que Apolinar haya dado descanso a su indignación, mientras, con pasos largos y determinados, hacía el camino de vuelta a la eléctrica.
Pasó el zaguán con el cigarro a medias, entró en la oficina de la directora, cerró la puerta y le increpó. Te lo dije el viernes, el sábado y el domingo, que si me cortabas la luz, te abrazaba. Y yo lo que digo lo cumplo, aunque lo diga en sueños. La mujer no reaccionó a tiempo. En un instante sin escapatoria, le vio poner el cigarro en la esquina del escritorio, regarse el contenido del frasquito con un ademán de fragancia masculina, y flamear sus dedos cuando fue a coger de nuevo el cigarro. Lo demás fue un incendio escandaloso, la casona ardió hasta desaparecer.
El análisis forense de los cuerpos carbonizados, dejó constancia de la determinación de Apolinar. No soltó a la directora ni después de perder la conciencia por el dolor de las quemaduras. La mató de un abrazo, por un corte de luz.
Nota del Cartero: Basado en hechos reales.
Doblado
01.10.04 10:00:17 7190.0 m.
Reflexiones, Nota Dominguera
Attenzione: La nota de hoy tiene un riesgoso tufo a pedantería, pero qué puedo hacer: Todo sea por la comunicación.
Frasier es mi sitcom preferida. Al punto de dejarme los pies fuera de la cobija para comprar los dvdes con sus temporadas completas. Pero con los que compro aquí, los de región dos, pasa algo muy curioso. No es posible oír en inglés a los actores y leerlos en español. Quiero decir, existe audio en Inglés, Francés y Español; y subtítulos en Inglés, Francés, Danés, Holandés, Noruego y Sueco, pero no en Español.
Y esto, creo, es una costumbre tan arraigada como la tortilla de patatas. Aquí al cine se va a ver y a oír, y no a leer. Por eso, todas las películas que se exhiben en el reino son traducidas al Español, (incluídas las del género porno) con todos los inconvenientes del caso. ( del "caso" de todos los géneros quiero decir :) ) Si quieres ver un filme como Dios manda, debes acudir a una etnia minoritaria de salas de cine que ofrecen las películas en lo que se conoce como VOS, (versión original subtitulada) salvación para los fundamentalistas del, no sé por qué, llamado séptimo arte. Por regla general no he tenido crisis de adaptación, pero escuchar a la Kidman, por ejemplo, ceceando y diciendo ¡hostia! (u ¡ostia!) en lugar de oh shit!, me produce un peligroso sofoco con el que se me atoran las cotufas. (palomitas)
En algunos episodios de Frasier incluso se cometen verdaderos delitos contra los derechos de autor con esto del doblaje. Por ejemplo, hay un capítulo que recibió en el año noventa y cinco el premio Emmy al mejor guión. Una belleza. Bueno, en la escena cumbre de la versión original hay una sirvienta guatemalteca (rasgos incluídos) que no entiende inglés y habla en español. Un alemán que no habla inglés y Frasier, que habla Inglés y machuca el español para entenderse con la sirvienta. Para dirigirse al alemán usa como intérprete a la sirvienta que, sorpresivamente, habla alemán, porque trabajó para una familia alemana que huyó a Guatemala después de la Segunda Guerra Mundial. Bueno, en la versión doblada en España, la criada es francesa, Frasier no machuca el español sino el francés y la criada habla alemán porque, agárrense, trabajó para una familia alemana que ¡huyó a Francia! después de la guerra. Semejante disparate.
Después de darle algunas vueltas, creo que esta costumbre del doblaje, tiene su origen en la censura de la posguerra española. Donde se hacía necesaria para proteger el último bastión del Catolicismo. Cito aquí lo que dice Fernando Díaz-Plaja al respecto:
Creo que, por más que los actores de doblaje hagan muy bien su trabajo, jamás serán los actores originales. Y nos perderemos del componente interpretativo que aporta su propia voz. Pero bueno, de momento intentare comprar los dvdes de región uno, que, más curioso aún, si que tiene subtítulos en español. Aunque viéndolo bien, será mejor que practique mi Inglés-escuchado y Sanseacabó.
01.10.04 10:00:17 7190.0 m.
Reflexiones, Nota Dominguera
Frasier es mi sitcom preferida. Al punto de dejarme los pies fuera de la cobija para comprar los dvdes con sus temporadas completas. Pero con los que compro aquí, los de región dos, pasa algo muy curioso. No es posible oír en inglés a los actores y leerlos en español. Quiero decir, existe audio en Inglés, Francés y Español; y subtítulos en Inglés, Francés, Danés, Holandés, Noruego y Sueco, pero no en Español.
Y esto, creo, es una costumbre tan arraigada como la tortilla de patatas. Aquí al cine se va a ver y a oír, y no a leer. Por eso, todas las películas que se exhiben en el reino son traducidas al Español, (incluídas las del género porno) con todos los inconvenientes del caso. ( del "caso" de todos los géneros quiero decir :) ) Si quieres ver un filme como Dios manda, debes acudir a una etnia minoritaria de salas de cine que ofrecen las películas en lo que se conoce como VOS, (versión original subtitulada) salvación para los fundamentalistas del, no sé por qué, llamado séptimo arte. Por regla general no he tenido crisis de adaptación, pero escuchar a la Kidman, por ejemplo, ceceando y diciendo ¡hostia! (u ¡ostia!) en lugar de oh shit!, me produce un peligroso sofoco con el que se me atoran las cotufas. (palomitas)
En algunos episodios de Frasier incluso se cometen verdaderos delitos contra los derechos de autor con esto del doblaje. Por ejemplo, hay un capítulo que recibió en el año noventa y cinco el premio Emmy al mejor guión. Una belleza. Bueno, en la escena cumbre de la versión original hay una sirvienta guatemalteca (rasgos incluídos) que no entiende inglés y habla en español. Un alemán que no habla inglés y Frasier, que habla Inglés y machuca el español para entenderse con la sirvienta. Para dirigirse al alemán usa como intérprete a la sirvienta que, sorpresivamente, habla alemán, porque trabajó para una familia alemana que huyó a Guatemala después de la Segunda Guerra Mundial. Bueno, en la versión doblada en España, la criada es francesa, Frasier no machuca el español sino el francés y la criada habla alemán porque, agárrense, trabajó para una familia alemana que ¡huyó a Francia! después de la guerra. Semejante disparate.
Después de darle algunas vueltas, creo que esta costumbre del doblaje, tiene su origen en la censura de la posguerra española. Donde se hacía necesaria para proteger el último bastión del Catolicismo. Cito aquí lo que dice Fernando Díaz-Plaja al respecto:
La gente empezó a no comprender nada de las películas que le presentaban. Recuerdo una famosa, Su vida íntima con Margaret Sullivan y Charles Boyer. Éste hacía de un hombre casado y enamorado de una soltera, pero imposibilitado de cumplir su sueño porque su esposa se negaba a concederle el divorcio. Los tres iban envejeciendo a lo largo de la película, en una tensión que complicaba y agravaba la reacción de los hijos al descubrir el secreto de su padre.
La censura decidió que ese argumento era muy inmoral y el diálogo se transformó para llegar a la situación siguiente: El personaje representado por Charles Boyer era soltero y vivía con su hermana viuda y sus sobrinos. A lo largo de la película, cuando su amante le pedía angustiada: ¿Porqué no nos casamos?, él le contestaba humillando la cabeza: Mi hermana no quiere..., no lo consentiría jamás...
Creo que, por más que los actores de doblaje hagan muy bien su trabajo, jamás serán los actores originales. Y nos perderemos del componente interpretativo que aporta su propia voz. Pero bueno, de momento intentare comprar los dvdes de región uno, que, más curioso aún, si que tiene subtítulos en español. Aunque viéndolo bien, será mejor que practique mi Inglés-escuchado y Sanseacabó.


