Efemérides
28.09.04 00:00:01 4580.0 m.
Bienestar
28.09.04 00:00:01 4580.0 m.
Bienestar
Tal día como hoy es una de esas frases que siempre me ha sonado a castellano antiguo, muy de las que se pueden encontrar en El Quijote. Suele aparecer en las notas de la sección de sociedad de los periódicos y en los discurso conmemorativos de casi cualquier cosa que merezca ser conmemorada. Así que me hacía ilusión ponerla en una nota, y hoy le viene muy bien al tema.
Tal día como hoy, remití a un grupo de amigos un correo electrónico invitándoles a visitar Cartas Jeroglíficas. Para ser honestos, fue un método bastante ineficiente. Creo que de aquellas quince personas, quedan muy pocos lectores supervivientes, pero con el tiempo ha aparecido gente (ustedes), a quien no podría identificar si me cruzo con ellos por la calle, pero que se han convertido en lectores y contribuyentes habituales, y a los que agradezco su benevolencia. Especialmente a aquellos muy habituales, con los cuales suele ser muy entretenido conversar, aunque asincrónicamente.
Escribo para nosotros y creo que así se entiende. Según las estadísticas del hosting, somos una muy reducida audiencia. Aparte de los robots, no llegamos a los diez visitantes diarios, pero creo que es suficiente. Aunque viéndolo bien, la mala costumbre de leerme a mi mismo de vez en cuando, como quien mira fotos viejas, puede estar contribuyendo a alterar los totales.
Personalmente los objetivos de Cartas Jeroglíficas se están cumpliendo y realmente disfruto al escribir, preparar las notas, pasar días con ellas en la cabeza y luego soltarlas. Tal vez este género, el de las notas -sobre todo las no temáticas- sea un poco ingrato a corto plazo: Es lo más parecido a un cigarrillo que se fuma y se olvida, pero al menos sirve para equilibrar y desarrollar el sentido de la vista.
Entiendo que al publicar por Internet, mi querido lector suele ser también mi querido escribidor. Es como un club donde se comparten intereses y de hecho, creo tener muy pocos lectores que no tengan también un sitio de bitácora, que también leo y así pues, nos contaminamos mutuamente.
Hace tiempo leí que la vida media de un sitio como este era de catorce días, después de los cuales la gente perdía la ilusión, dejaba de mantenerlo y moría. Así las cosas, llevar un año es bueno, al menos estadísticamente hablando.
Ojalá nos sigamos divirtiendo un año más. De momento, seguiré con la costumbre de pagar el hosting tres meses por adelantado, para así tener el contra-estímulo del vil dinero.
Una vez más, gracias por pasar por aquí.
Tal día como hoy, remití a un grupo de amigos un correo electrónico invitándoles a visitar Cartas Jeroglíficas. Para ser honestos, fue un método bastante ineficiente. Creo que de aquellas quince personas, quedan muy pocos lectores supervivientes, pero con el tiempo ha aparecido gente (ustedes), a quien no podría identificar si me cruzo con ellos por la calle, pero que se han convertido en lectores y contribuyentes habituales, y a los que agradezco su benevolencia. Especialmente a aquellos muy habituales, con los cuales suele ser muy entretenido conversar, aunque asincrónicamente.
Escribo para nosotros y creo que así se entiende. Según las estadísticas del hosting, somos una muy reducida audiencia. Aparte de los robots, no llegamos a los diez visitantes diarios, pero creo que es suficiente. Aunque viéndolo bien, la mala costumbre de leerme a mi mismo de vez en cuando, como quien mira fotos viejas, puede estar contribuyendo a alterar los totales.
Personalmente los objetivos de Cartas Jeroglíficas se están cumpliendo y realmente disfruto al escribir, preparar las notas, pasar días con ellas en la cabeza y luego soltarlas. Tal vez este género, el de las notas -sobre todo las no temáticas- sea un poco ingrato a corto plazo: Es lo más parecido a un cigarrillo que se fuma y se olvida, pero al menos sirve para equilibrar y desarrollar el sentido de la vista.
Entiendo que al publicar por Internet, mi querido lector suele ser también mi querido escribidor. Es como un club donde se comparten intereses y de hecho, creo tener muy pocos lectores que no tengan también un sitio de bitácora, que también leo y así pues, nos contaminamos mutuamente.
Hace tiempo leí que la vida media de un sitio como este era de catorce días, después de los cuales la gente perdía la ilusión, dejaba de mantenerlo y moría. Así las cosas, llevar un año es bueno, al menos estadísticamente hablando.
Ojalá nos sigamos divirtiendo un año más. De momento, seguiré con la costumbre de pagar el hosting tres meses por adelantado, para así tener el contra-estímulo del vil dinero.
Una vez más, gracias por pasar por aquí.
Vía crucis normal.
26.09.04 15:27:21 5630.0 m.
Perogrulladas, Desahogo
En los laterales de casi todas las iglesias católicas –aunque creo que casi todos los templos de inspiración cristiana- se pueden encontrar unas imágenes que hacen referencia a las estaciones del vía crucis. Son catorce y recuerdan aspectos determinados de lo que, según la tradición, fue el último camino de Jesús. En la imagen que acompaña esta nota (que ya veo que llevo una redacción en onda retro) se pueden distinguir de derecha a izquierda las correspondientes a la segunda y tercera estación. Esta instantánea (decían los reporteros de antaño) fue tomada clandestinamente por este pecador el verano pasado, en un templo de la costa venezolana. Lo curioso de esta toma, es la irónica subestación que ha puesto el señor párroco en medio de ambas imágenes, y que claramente advierten sobre otro padecimiento que ya no tiene temor de Dios: La delincuencia.
Tomando como ejemplo el país sede del templo en cuestión, la catastrófica cifra de cien muertes violentas por semana, ha pasado a considerarse normal. Así, he podido leer en algunos foros, donde turistas europeos preguntan sobre la inseguridad en el país -tanteando una visita barata- respuestas asombrosamente patrióticas como: si, claro que hay, pero como en cualquier país del mundo.
La inseguridad es una epidemia. No existe casi ningún habitante, (incluyendo a los delincuentes) que no haya sido víctima o testigo de una acto terrorista. (la mejor descripción para las actuales iniciativas criminales) Por otro lado, los reportes oficiales, se han convertido en planillas con espacios en blanco, que los portavoces policiales repiten cada lunes por la mañana, con las mismas palabras, sólo variando las cifras.
En casi toda Latinoamérica, la aproximación de los gobiernos establece una relación directa entre la delincuencia y la pobreza (económica). Y en mi humilde opinión, pensar así, sin cuestionar la afirmación, es una claudicación intelectual colectiva. Si así fuese, el setenta por ciento de la población sería delincuente.
Salir de la pobreza, puede llevar años, y mitigarla no garantiza menores índices de delincuencia. El comportamiento honesto y cívico es visto ahora como un lastre y en algunos extremos, la delincuencia ha ascendido a regla de convivencia. En todo caso, me parece que es más eficiente luchar contra la pobreza, haciéndolo integralmente contra la delincuencia, que al revés. ¿Saben vaina que emputa la vida? Que te roben todo el sueldo subiendo el cerro, o en un secuestro exprés de la buseta camino de tu casa, después de romperte el lomo honestamente durante quince días.
Las sociedades-victima donde la delincuencia pasa a formar parte de su normalidad, se darán gobiernos que también lo considerarán normal. Que no se adjudicarán responsabilidad alguna y se presentarán ante los ciudadanos más como co-víctimas que como responsables. La pobreza y la seguridad son, en mi criterio, perfectamente compatibles. No así ésta y la resignación social, que exime a sus gobiernos; el desorden administrativo, que no castiga; la catástrofe educativa, que le pierde la pista al desertor adolescente y el sistema de salud que en algún momento del camino, se olvidó de la importancia del Lactovisoy.
26.09.04 15:27:21 5630.0 m.
Perogrulladas, Desahogo
Tomando como ejemplo el país sede del templo en cuestión, la catastrófica cifra de cien muertes violentas por semana, ha pasado a considerarse normal. Así, he podido leer en algunos foros, donde turistas europeos preguntan sobre la inseguridad en el país -tanteando una visita barata- respuestas asombrosamente patrióticas como: si, claro que hay, pero como en cualquier país del mundo.
La inseguridad es una epidemia. No existe casi ningún habitante, (incluyendo a los delincuentes) que no haya sido víctima o testigo de una acto terrorista. (la mejor descripción para las actuales iniciativas criminales) Por otro lado, los reportes oficiales, se han convertido en planillas con espacios en blanco, que los portavoces policiales repiten cada lunes por la mañana, con las mismas palabras, sólo variando las cifras.
En casi toda Latinoamérica, la aproximación de los gobiernos establece una relación directa entre la delincuencia y la pobreza (económica). Y en mi humilde opinión, pensar así, sin cuestionar la afirmación, es una claudicación intelectual colectiva. Si así fuese, el setenta por ciento de la población sería delincuente.
Salir de la pobreza, puede llevar años, y mitigarla no garantiza menores índices de delincuencia. El comportamiento honesto y cívico es visto ahora como un lastre y en algunos extremos, la delincuencia ha ascendido a regla de convivencia. En todo caso, me parece que es más eficiente luchar contra la pobreza, haciéndolo integralmente contra la delincuencia, que al revés. ¿Saben vaina que emputa la vida? Que te roben todo el sueldo subiendo el cerro, o en un secuestro exprés de la buseta camino de tu casa, después de romperte el lomo honestamente durante quince días.
Las sociedades-victima donde la delincuencia pasa a formar parte de su normalidad, se darán gobiernos que también lo considerarán normal. Que no se adjudicarán responsabilidad alguna y se presentarán ante los ciudadanos más como co-víctimas que como responsables. La pobreza y la seguridad son, en mi criterio, perfectamente compatibles. No así ésta y la resignación social, que exime a sus gobiernos; el desorden administrativo, que no castiga; la catástrofe educativa, que le pierde la pista al desertor adolescente y el sistema de salud que en algún momento del camino, se olvidó de la importancia del Lactovisoy.
Fume tranquila.
21.09.04 00:00:01 5440.0 m.
Reflexiones, Bienestar, Nota Dominguera, Qué pasaría si...
21.09.04 00:00:01 5440.0 m.
Reflexiones, Bienestar, Nota Dominguera, Qué pasaría si...
Ante Dios ella tenía coartada, pero no ante el camarero de esta mañana soporosa, que se reveló como un espía celestial y le sirvió el café con un dejo de compasión: Fume tranquila hermana, que no he visto a ninguna de las suyas por aquí. Y es que, como se sabe, hay pocas cosas tan difíciles para una monja, como fumar de incógnito, por más que haya dejado el velo en reposo y opte por una falda.
Las monjas fuman; y mucho. A dosis acorde con su contextura, las gordas fuman más, y en medio de un ahogo de ansiedad, martillan en el cenicero la colilla agonizante del primer cigarro, en lugar de utilizarlo para encender el segundo, sólo por experimentar el placer-ritual de oír el yesquero al parir el fuego. Como todo lo prohibido se hace en exclusiva, sólo les queda el recurso de clavar la vista en los dulces expuestos en el mostrador, para mantener el anonimato de la culpa.
Aunque parezca profano, se me antoja pensar que muchas lo hacen -eso de salir disfrazadas (sin hábito) a la calle- para ver si, como les está ocurriendo últimamente, dejan de ser invisibles. Ellas se han hecho conscientes de que están en medio de una crisis demográfica y que las candidatas modernas a ser llamadas por el Señor, navegan por Internet, envían sms, han visto a un hombre desnudo y llevan pantalón. Con lo cual, reclutar candidatas con el anacrónico hábito monjil, es lo más parecido a perder el tiempo.
La compasión femenina ha dejado de ser el monopolio de las congregaciones religiosas. Así, una división de voluntarias sin velo y sexualmente activas, libra batallas contra el hambre infantil, las enfermedades adultas y la soledad de los ancianos a lo largo y profundo del mundo. Curiosamente movidas, según dicen, por un terremoto espiritual, por un llamado especial, aunque auspiciadas esta vez por un montón de oenegés.
Probablemente, la dupla de motivaciones que quedan en activo para meterse a monja, sobrevive penosamente en los países del cuarto mundo. Donde, o bien lo hacen a lo Herzberg, por motivaciones higiénicas y así huir de la miseria, o por motivaciones espirituales, enfrentándose a ella desde sus entrañas y enseñándole los dientes.
El enfoque de la espiritualidad en este siglo es de lo más ecléctico: Más que un encuentro, se puede comparar con una búsqueda. Una, más dada a la libertad que al encierro. Más proclive a la trasgresión que a la disciplina. Más espontánea e íntima que liturgica. Y más nada, que no soy muy dado a la anáfora.
A mí las monjas me inspiran un profundo y honesto respeto. Imagino que en el primer mundo es muy difícil ser monja, sobre todo si se puede no serlo. Quiero decir, si se puede optar a servir al prójimo, que técnicamente es servir a Dios, y a la vez vestir a la moda, encontrar lo divino en un orgasmo y sobre todo, poder fumar tranquilo un sábado soporoso por la mañana.
Las monjas fuman; y mucho. A dosis acorde con su contextura, las gordas fuman más, y en medio de un ahogo de ansiedad, martillan en el cenicero la colilla agonizante del primer cigarro, en lugar de utilizarlo para encender el segundo, sólo por experimentar el placer-ritual de oír el yesquero al parir el fuego. Como todo lo prohibido se hace en exclusiva, sólo les queda el recurso de clavar la vista en los dulces expuestos en el mostrador, para mantener el anonimato de la culpa.
Aunque parezca profano, se me antoja pensar que muchas lo hacen -eso de salir disfrazadas (sin hábito) a la calle- para ver si, como les está ocurriendo últimamente, dejan de ser invisibles. Ellas se han hecho conscientes de que están en medio de una crisis demográfica y que las candidatas modernas a ser llamadas por el Señor, navegan por Internet, envían sms, han visto a un hombre desnudo y llevan pantalón. Con lo cual, reclutar candidatas con el anacrónico hábito monjil, es lo más parecido a perder el tiempo.
La compasión femenina ha dejado de ser el monopolio de las congregaciones religiosas. Así, una división de voluntarias sin velo y sexualmente activas, libra batallas contra el hambre infantil, las enfermedades adultas y la soledad de los ancianos a lo largo y profundo del mundo. Curiosamente movidas, según dicen, por un terremoto espiritual, por un llamado especial, aunque auspiciadas esta vez por un montón de oenegés.
Probablemente, la dupla de motivaciones que quedan en activo para meterse a monja, sobrevive penosamente en los países del cuarto mundo. Donde, o bien lo hacen a lo Herzberg, por motivaciones higiénicas y así huir de la miseria, o por motivaciones espirituales, enfrentándose a ella desde sus entrañas y enseñándole los dientes.
El enfoque de la espiritualidad en este siglo es de lo más ecléctico: Más que un encuentro, se puede comparar con una búsqueda. Una, más dada a la libertad que al encierro. Más proclive a la trasgresión que a la disciplina. Más espontánea e íntima que liturgica. Y más nada, que no soy muy dado a la anáfora.
A mí las monjas me inspiran un profundo y honesto respeto. Imagino que en el primer mundo es muy difícil ser monja, sobre todo si se puede no serlo. Quiero decir, si se puede optar a servir al prójimo, que técnicamente es servir a Dios, y a la vez vestir a la moda, encontrar lo divino en un orgasmo y sobre todo, poder fumar tranquilo un sábado soporoso por la mañana.
email distantáneo
17.09.04 23:52:02 4490.0 m.
Reflexiones, Perogrulladas
17.09.04 23:52:02 4490.0 m.
Reflexiones, Perogrulladas
Una de las mayores desventajas del correo electrónico es su inmediatez. Su instantánea teletransportación al swing de un click. Un inconveniente que, sin embargo, no reside en el ingenio electrónico, sino que surge de un cruce de cables en el humano medio, que confunde la velocidad de la transmisión con la de la comunicación. Suelo ser constante en utilizar el correo electrónico para hacer preguntas no urgentes, aunque no menos importantes, a cuanto mortal (o no) me facilite una dirección. Y a causa de esa constancia, no hago más que estrellarme contra un muro de las lamentaciones virtual, construido a base de no-respuestas. Una ausencia absoluta de feedback equivalente al está reunido telefónico o el vuelva usted mañana del cuerpo presente.
Así, el email se me hace una herramienta inútil a la hora formular un reclamo, solicitar información, pedir un favor o realizar un trámite. De hecho, me inclino a pensar que muchas empresas ponen a disposición del público una dirección de email, por recomendación de un sobrino del dueño, que estudia informática; con lo cual es fácil suponer que no la lee nadie.
En el caso de las personas pasa algo parecido. Mucha gente lee su correo, pero muy poca lo responde. Si llevásemos un registro de clicks -que de seguro lo llevan- en los servicios de correo gratuito, es probable que el botón más utilizado sea el forward en lugar del reply o el new.
En fin. Termino haciendo lo que todo el mundo. Levantar el auricular, marcar el número y decir: Mire, le envié un email hace tres días acerca de... para escuchar del otro lado, un ¡ah así! lo que pasa es que no he tenido tiempo de...y tal.
A pesar de que google cotiza en Wall Street, ofrece correo gratuito de un gigabyte y nos juramos en la era digital (que no sé porqué se llamará así), se me antoja que aún le falta algo al email, para facilitar la comunicación instantánea. Y todo ello parece reducirse a una de cuestión de cultura, de paradigma, de asociación.
Me he fijado muy bien, y me atrevo a soltar, sin el respaldo de encuestas, que la gente responde más rápidamente a un SMS, que a un correo electrónico... tengo el pálpito de que es porque llega por un medio que asociamos con comunicación inmediata y no por el voluminoso y siempre asincrónico computador.
Actualización:
Compadre me ha hecho llegar este estudio revelador. No tiene desperdicio.
Leer aquí
Así, el email se me hace una herramienta inútil a la hora formular un reclamo, solicitar información, pedir un favor o realizar un trámite. De hecho, me inclino a pensar que muchas empresas ponen a disposición del público una dirección de email, por recomendación de un sobrino del dueño, que estudia informática; con lo cual es fácil suponer que no la lee nadie.
En el caso de las personas pasa algo parecido. Mucha gente lee su correo, pero muy poca lo responde. Si llevásemos un registro de clicks -que de seguro lo llevan- en los servicios de correo gratuito, es probable que el botón más utilizado sea el forward en lugar del reply o el new.
En fin. Termino haciendo lo que todo el mundo. Levantar el auricular, marcar el número y decir: Mire, le envié un email hace tres días acerca de... para escuchar del otro lado, un ¡ah así! lo que pasa es que no he tenido tiempo de...y tal.
A pesar de que google cotiza en Wall Street, ofrece correo gratuito de un gigabyte y nos juramos en la era digital (que no sé porqué se llamará así), se me antoja que aún le falta algo al email, para facilitar la comunicación instantánea. Y todo ello parece reducirse a una de cuestión de cultura, de paradigma, de asociación.
Me he fijado muy bien, y me atrevo a soltar, sin el respaldo de encuestas, que la gente responde más rápidamente a un SMS, que a un correo electrónico... tengo el pálpito de que es porque llega por un medio que asociamos con comunicación inmediata y no por el voluminoso y siempre asincrónico computador.
Actualización:
Compadre me ha hecho llegar este estudio revelador. No tiene desperdicio.
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Where are you from, mijita?
12.09.04 15:28:37 4530.0 m.
Reflexiones, Nota Dominguera, Injusticias
Cuando la vi en el anaquel, eché en falta su guiño cómplice de los viernes por la tarde. Me acerqué para cogerle y se giró un poco, como para mostrarme su vestido nuevo. Un empaque igual de amarillo, de exportación, pero más fashion y políglota que antes; anunciando en español, portugués, inglés, holandés, italiano, alemán y francés, sus intimidades. Si bien la pañoleta y los zarcillotes estaban en su lugar, había algo nuevo que me dejó horripilado. El producto que hasta ahora había visto como un pedacito de mi país, legítimamente autóctono, tan de la tierra como el petróleo, decía ser ahora, Product of Colombia.
Por más que he hablado de ella aquí, no es lo mismo cuando la crueldad de la deslocalización te toca de cerca. Les he contado cómo en el primer mundo, la producción de ciertos productos se ha ido poco a poco deslocalizando en busca de mano de obra más barata. Se trata generalmente de trasnacionales y productos de alcance mundial: Televisores, carros o ropa, que puden venderse alrededor del mundo, con etiquetando adecuado y tirando inteligentemente de la publicidad. Pero rara vez los productos-símbolo de un país se deslocalizan. Uno de esos raros ejemplos son los jeans Levi’s Straus, de los que ya no queda ni una sola fábrica en los Estados Unidos. Pero en general, hay un conjunto de productos-símbolo que perderían su esencia si se produce fuera del país. Es como si el champán francés se hiciera en Italia, o el jamón ibérico se curara en Grecia.
He soportado y hasta comprendido que hace dos años el ron Cacique, que coloca el noventa por ciento de su exportación en España, haya extirpado quirúrgicamente de su imagen aquella frase emblema Puro Ron de Venezuela y en su lugar haya puesto el ambiguo Espiritu del Amazonas. La situación actual del país probablemente le restaba prestancia al producto. Aunque bueno, aun dejan en la etiqueta eso de Hecho en Venezuela. Pero lo de producir la Harina PAN fuera -aunque sea para exportación- me resulta, cuando menos, triste. No por el hecho en si, que al fin y al cabo forma parte de una estrategia económica. Sino por razones de índole más filosófica y de tintes marcadamente metafísicos: Es decir, porque da vaina.
12.09.04 15:28:37 4530.0 m.
Reflexiones, Nota Dominguera, Injusticias
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir por ejemplo... Mi harina PAN adorada / Mi harina PAN tan oriunda / Ya no te gusta el joropo / Ahora me bailas cumbia.
Por más que he hablado de ella aquí, no es lo mismo cuando la crueldad de la deslocalización te toca de cerca. Les he contado cómo en el primer mundo, la producción de ciertos productos se ha ido poco a poco deslocalizando en busca de mano de obra más barata. Se trata generalmente de trasnacionales y productos de alcance mundial: Televisores, carros o ropa, que puden venderse alrededor del mundo, con etiquetando adecuado y tirando inteligentemente de la publicidad. Pero rara vez los productos-símbolo de un país se deslocalizan. Uno de esos raros ejemplos son los jeans Levi’s Straus, de los que ya no queda ni una sola fábrica en los Estados Unidos. Pero en general, hay un conjunto de productos-símbolo que perderían su esencia si se produce fuera del país. Es como si el champán francés se hiciera en Italia, o el jamón ibérico se curara en Grecia.
He soportado y hasta comprendido que hace dos años el ron Cacique, que coloca el noventa por ciento de su exportación en España, haya extirpado quirúrgicamente de su imagen aquella frase emblema Puro Ron de Venezuela y en su lugar haya puesto el ambiguo Espiritu del Amazonas. La situación actual del país probablemente le restaba prestancia al producto. Aunque bueno, aun dejan en la etiqueta eso de Hecho en Venezuela. Pero lo de producir la Harina PAN fuera -aunque sea para exportación- me resulta, cuando menos, triste. No por el hecho en si, que al fin y al cabo forma parte de una estrategia económica. Sino por razones de índole más filosófica y de tintes marcadamente metafísicos: Es decir, porque da vaina.
Planillas y direcciones
09.09.04 16:17:11 5620.0 m.
Reflexiones, Curiosidades
Según los grafólogos, las personas con letra pequeña andan faltos de autoconfianza, tienen un concepto más bien modesto de si mismas, se decantan por los caminos de la introversión y sucumben ante la tacañería. También tienen cosas buenas, pero como necesito sesgar la nota, pues no me sirven. Entonces: en el supuesto negado de que los diseñadores de formularios o planillas, se toman la molestia de probarlas, rellenándolas con su propia letra, nos vemos forzados a llegar a dos conclusiones: 1) son liliputienses, con lo cual, no importa cuan grande escriban, siempre les cabrá en esos minúsculos espacios que dejan, ó 2) reúnen en extremo las características grafológicas previamente expuestas. Más directamente: En qué coño estarán pensando, con perdón, cuando diseñan sus planillitas, con esos espacios manifiestamente insuficientes y esas divisiones irreales.
En esto los bancos se llevan el palmarés. Pongamos por ejemplo las planillas de depósito. Cualquiera estaría de acuerdo en que poner en ellas la cantidad en letra o simplemente un nombre de titular cuya longitud exceda la de un conciso Juan Pérez, es una misión imposible. Aunque también me permitirán una mención especial para esos trípticos diabólicos de solicitud de tarjeta de crédito. Es como un requisito implícito el ser capaz de llenarla.
Pero un elemento presente en casi todos estos medios de tortura y que pone de manifiesto la disociación de la realidad que padecemos, es la dirección. Hay unos que se empeñan en desglosar ésta en partes incoherentes, como si tuviésemos una tradición urbanística ancestral. Te piden calle, edificio o casa, apartamento, piso, número y un desconocido llamado código postal. Todo contenido obviamente, en mínimos espacios, que dada la costumbre caribe de ponerle nombre de próceres y fechas patrias a nuestras calles y avenidas, empeora la situación. A ver cómo metes allí calle Generalísimo Francisco de Miranda o Avenida Intercomunal Cabimas Ciudad Ojeda. ¿Eh?. Es que hasta cuando usamos una sola palabra, la escogemos kilométrica. Avenida Cuatricentenario.
Qué les cuesta reservar un generoso espacio para nuestras direcciones y dejar la descripción a juicio del facultativo. Porque no es tan desventajoso que, a diferencia del primer mundo, nuestras direcciones sean autoexplicativas. Es decir, ellas mismas te dicen cómo llegar. Ejemplo: Calle Los comerciantes, entre Díaz Moreno y Farriar. Diagonal a la Inspectoría de Tránsito. O ese célebre, esquina con calle tal o el muy Caraqueño, Dolores a puente Soublette. Nada de número, que eso no funciona. Porque las edificaciones, por muy modestas que sean, llevan nombre y prefijo. Si vive gente en ellos son Residencias o Conjuntos Residenciales y si trabajan son Edificios o Torres.
Creo que si nuestro espíritu es frondoso, las planillas deberían reflejarlo. Y si queremos ser más pragmáticos, colocar un espacio para instrucciones adicionales como: Subiendo por los palos grandes, como quien va para el Cada.
Creo que es más fácil cambiar las planillas, que hacer una replanificación urbanística. Aunque les aseguro que no faltará algún político progresista, que se empeñe en cambiarle el nombre a las cosas para adaptarnos a las formas.
09.09.04 16:17:11 5620.0 m.
Reflexiones, Curiosidades

En esto los bancos se llevan el palmarés. Pongamos por ejemplo las planillas de depósito. Cualquiera estaría de acuerdo en que poner en ellas la cantidad en letra o simplemente un nombre de titular cuya longitud exceda la de un conciso Juan Pérez, es una misión imposible. Aunque también me permitirán una mención especial para esos trípticos diabólicos de solicitud de tarjeta de crédito. Es como un requisito implícito el ser capaz de llenarla.
Pero un elemento presente en casi todos estos medios de tortura y que pone de manifiesto la disociación de la realidad que padecemos, es la dirección. Hay unos que se empeñan en desglosar ésta en partes incoherentes, como si tuviésemos una tradición urbanística ancestral. Te piden calle, edificio o casa, apartamento, piso, número y un desconocido llamado código postal. Todo contenido obviamente, en mínimos espacios, que dada la costumbre caribe de ponerle nombre de próceres y fechas patrias a nuestras calles y avenidas, empeora la situación. A ver cómo metes allí calle Generalísimo Francisco de Miranda o Avenida Intercomunal Cabimas Ciudad Ojeda. ¿Eh?. Es que hasta cuando usamos una sola palabra, la escogemos kilométrica. Avenida Cuatricentenario.
Qué les cuesta reservar un generoso espacio para nuestras direcciones y dejar la descripción a juicio del facultativo. Porque no es tan desventajoso que, a diferencia del primer mundo, nuestras direcciones sean autoexplicativas. Es decir, ellas mismas te dicen cómo llegar. Ejemplo: Calle Los comerciantes, entre Díaz Moreno y Farriar. Diagonal a la Inspectoría de Tránsito. O ese célebre, esquina con calle tal o el muy Caraqueño, Dolores a puente Soublette. Nada de número, que eso no funciona. Porque las edificaciones, por muy modestas que sean, llevan nombre y prefijo. Si vive gente en ellos son Residencias o Conjuntos Residenciales y si trabajan son Edificios o Torres.
Creo que si nuestro espíritu es frondoso, las planillas deberían reflejarlo. Y si queremos ser más pragmáticos, colocar un espacio para instrucciones adicionales como: Subiendo por los palos grandes, como quien va para el Cada.
Creo que es más fácil cambiar las planillas, que hacer una replanificación urbanística. Aunque les aseguro que no faltará algún político progresista, que se empeñe en cambiarle el nombre a las cosas para adaptarnos a las formas.
Ya sé dónde queda Osetia del Norte
06.09.04 12:13:57 3050.0 m.
Reflexiones
06.09.04 12:13:57 3050.0 m.
Reflexiones
Las únicas palabras que conozco en ruso están relacionadas con el espacio. Todas bonitas: Soyuz (unión), Mir (paz), Voskhod (amanecer), Progress (progreso). Ellas siempre han entrado en contradicción con un recuerdo infantil, en el que un cura nos contaba que allá se comían a los niños, y que cualquier simpatía con el comunismo era pecado mortal. Así que la masacre de antenoche fue para mí, como si aquella contradicción surrealista hubiese cobrado vida.
Los niños son las víctimas inequívocamente inocentes de los conflictos, penurias y guerras que como viejos volcanes en activo, se diseminan por el planeta. Y la mayoría de las veces, sus verdugos ni se toman la molestia de secuestrarlos. Los niños caen por bojotes, todos los días. Desde las poco mediáticas guerras africanas, pasando por el cotidiano oriente medio, hasta los prostíbulos asiáticos o las calles latinoamericanas. Pero ya se sabe, como son niños, su escasa estatura hace que las cámaras no los puedan ver, como asociando aquí también lo pequeño con lo poco importante.
Pero lo que más inquieta, es que horrores como éstos también se olvidarán. Que en efecto son daños colaterales de conflictos inolvidables. Vamos, que son números simplemente y que según leía en la prensa por estos días, para el promedio de la población rusa, el balance era positivo, porque la cantidad de rescatados con vida superaba a los rescatados con muerte. Y para el resto de occidente, pues nada: La memoria colectiva, de la que tantas veces he hablado aquí, es lo más parecido a la memoria de los peces.
Disculpen ustedes, pero antes de comenzar a escribir el mes, necesitaba sacar algo de la tristeza contenida.
Los niños son las víctimas inequívocamente inocentes de los conflictos, penurias y guerras que como viejos volcanes en activo, se diseminan por el planeta. Y la mayoría de las veces, sus verdugos ni se toman la molestia de secuestrarlos. Los niños caen por bojotes, todos los días. Desde las poco mediáticas guerras africanas, pasando por el cotidiano oriente medio, hasta los prostíbulos asiáticos o las calles latinoamericanas. Pero ya se sabe, como son niños, su escasa estatura hace que las cámaras no los puedan ver, como asociando aquí también lo pequeño con lo poco importante.
Pero lo que más inquieta, es que horrores como éstos también se olvidarán. Que en efecto son daños colaterales de conflictos inolvidables. Vamos, que son números simplemente y que según leía en la prensa por estos días, para el promedio de la población rusa, el balance era positivo, porque la cantidad de rescatados con vida superaba a los rescatados con muerte. Y para el resto de occidente, pues nada: La memoria colectiva, de la que tantas veces he hablado aquí, es lo más parecido a la memoria de los peces.
Disculpen ustedes, pero antes de comenzar a escribir el mes, necesitaba sacar algo de la tristeza contenida.


